JEFFERSON PUSO EN EL ACTA DE INDEPENDENCIA LA FRASE DE SAN ROBERTO

San Roberto Belarmino es el autor de la frase «todos los hombres nacen iguales», copiada por Thomas Jefferson y estampada en la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de América.
Cuando uno de los mandatarios de las tres superpotencias del mundo atacó verbalmente al sumo pontífice León XIV, nacido en EE. UU. y líder espiritual a nivel casi planetario, ignoraba sin duda la deuda democrática de Thomas Jefferson, tercer presidente de la Gran República del Norte (1801-1808), con el italiano Roberto Belarmino (Montepulciano, 4 de octubre de 1542-Roma, 17 de septiembre de 1621).
Sobrino del papa Marcelo II, desde niño Belarmino brilló por su inteligencia. En 1560, pese a la oposición de su padre, fue recibido en la Compañía de Jesús en Roma y diez años después era ordenado presbítero en Gante, Bélgica.
Impartió clases de teología, filosofía, matemáticas y astronomía en la universidad, en la guerra de ideas contra el protestantismo nórdico. En 1597, Clemente VIII lo nombró su teólogo privado. Entre sus obras destacan dos catecismos, un Comentario a los Salmos y sus Controversias en cuatro volúmenes. Colaboró en la Biblia griega, en la corrección del Martirologio, en la redacción de la Ratio Studiorum (el Plan de Estudios de la Compañía de Jesús) e intervino en la redacción de la Biblia Vulgata (latina).
El 21 de abril de 1602, el mismo Clemente VIII lo consagró arzobispo de Capua. Luego fue elevado a cardenal. En 1930, Pío XI lo beatificó y canonizó. Al año siguiente fue declarado Doctor de la Iglesia. No en vano había defendido la fe y la doctrina católicas antes y después de la reforma protestante. Por ello fue llamado «El Martillo de los herejes».
Conocí su vida cuando cursé la intermediaria en el granadino Colegio Centroamérica, pero pronto la olvidé, al igual que las de otros santos jesuitas excepto, desde luego, la de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Me refiero, respectivamente, a la personalidad más viva del espíritu español durante el siglo XVI, además de gran soldado de la Iglesia contra la reforma protestante; y al miembro fundador en París de la Compañía de Jesús, cuya hagiografía del siglo XVII —obra del jesuita Fernando Ortiz— se titula: Príncipe del mar y Apóstol del Oriente.

Fue el magno poeta mesoamericano Salomón de la Selva (León, Nicaragua, 1893-París, 1959) quien difundió un hecho clave y desconocido: que Belarmino era la fuente de la teoría de la soberanía popular, expuesta por Thomas Jefferson (1743-1826) en el Continental Congress reunido en Philadelphia en el verano de 1776.
Según Salomón, ese descubrimiento lo hizo Gillard Hunt —jefe de sección de manuscritos de la Biblioteca del Congreso en Washington— en el número de octubre de 1917 de la Catholic Historical Review. Examinando un libro de teólogos protestantes contra Belarmino —propiedad de Jefferson, quien le hizo profusas anotaciones—, Hunt constató que el estadista estadounidense en la Declaración de la Independencia y el doctor de la Iglesia coincidían en contenido y expresión verbal.
Salomón comenta en su Ilustre familia (1954): «Se armó gran alharaca en los Estados Unidos, país que todavía se cree predominantemente protestante, al afirmarse que las nociones rectamente democráticas de Jefferson, que son el alma inmortal de esa nación, corresponden a doctrinas católicas y, más aún, enunciadas por la Iglesia para combatir el protestantismo».
Belarmino sostenía, como fundamento esencial de la democracia, la igualdad de los hombres. Para el cardenal jesuita, «todos los hombres nacen iguales, no en sabiduría ni en gracia ni en cualidades, sino que son iguales en su fundamental naturaleza» (De Laicis, Lib. XII). Y en De Officio Principis (Lib. XII), dejó escrito: «En el mundo animal la fuerza prevalece sobre la debilidad, pero los hombres, dotados de razón humana, nacen libres y no pueden ser en derecho sojuzgados».
El 26 de abril de 1969, Pablo VI creó un título cardenalicio con el nombre de Roberto Belarmino. Jorge Mario Bergoglio era el titular de esa cátedra cuando fue elegido sumo pontífice, bajo el nombre de Francisco, en el cónclave de 2013.
Jorge Eduardo Arellano

