VIVIÓ CASI 100 AÑOS CON PUNDONOR MILITAR, 72 AÑOS DE MATRIMONIO, FORJÓ UNA FAMILIA EXTRAORDINARIA

Pocos hombres superan el desafío de vivir una existencia que se inicia con una perturbadora infancia pletórica de obstáculos e incertidumbre. Conquistar esa vida con ejemplar dignidad y honor resume los casi 100 años vividos por el General Armando Fernández Murillo.
El Gral. Fernández es representativo de los pocos oficiales de la Guardia Nacional de Nicaragua que alcanzaron el nivel de inspirar a otros oficiales, clases y tropas por su pundonor de hombre, civil y militar, con el profundo sentimiento y conducta de dignidad, amor propio y honor profesional que impulsa al ser humano superior a cumplir integralmente con su deber, mantener buena reputación y actuar con lealtad extrema.
El cariñosamente llamado «El Chele Fernández» demostró un valor fundamental que exige responsabilidad, ética y orgullo para salvaguardar a su patria, a su familia y al prestigio institucional.
Expongamos un resumen de su ejemplar vida:
Armando Fernández Murillo nació en la ciudad de Granada el 19 de octubre de 1926, durante el último gobierno conservador de Adolfo Díaz, estando ocupada Nicaragua por las fuerzas armadas de los Estados Unidos y en plena Guerra Liberal Constitucionalista.

El padre de Armando Fernández fue don Próspero Fernández, hijo de inmigrantes españoles madrileños, y su madre biológica fue doña Pilar Murillo, originaria de familia nandaimeña. Estaba recién nacido cuando sus padres se separaron. Ambos contrajeron nuevas nupcias. Tuvo dos hermanas de madre: Blanca y Haydee Vega.
Por su parte, Armandito se quedó con su papá y la nueva esposa de su padre, doña Blanca Sánchez de Granada, quien adoptó al niño como propio, llegando a quererlo, cuidarlo y educarlo con mucho amor.
Cuando el niño Armando Fernández tenía cinco años, murió su padre, don Próspero, en una epidemia de cólera que azotó Nicaragua. La madre del niño, doña Pilar Murillo, después de casarse nuevamente, dio a criar a su hijo Armando a unos parientes Murillo en Nandaime, quienes unos pocos años más adelante se lo dieron a criar a la última esposa de su padre, don Próspero.
Ella se llamaba Blanca Sánchez, quien después de la muerte de su esposo por el cólera quiso tener con ella en su casa al niño Armando, como recuerdo vivo de su marido, Próspero Fernández. Ella era muy formal, educada y estricta, inculcándole al niño valores morales y humanos, orden y una estricta disciplina desde temprana edad.
No obstante el amor y educación que le daba doña Blanca, el niño Armando tuvo una infancia un tanto solitaria, añorando el calor de su madre biológica, la temprana ausencia de su padre y sin familiares en su entorno.

En su adolescencia, el jovencito Armando fue matriculado en las mejores escuelas, primero en Granada y después internado en Managua, pero desde sus primeros años siempre demostró una fuerte vocación por la vida castrense y la independencia que podría obtener con la carrera militar.
A los 17 años ingresó a la Cuarta Promoción de la Academia Militar de Nicaragua, donde le correspondió ser el Caballero Cadete No. 176 de la Cuarta Promoción, Clase 1944-1947, y fue Capitán Cadete para dos promociones. Había sido elegido Capitán Cadete por ser el mejor cadete de su promoción y pasó a la historia de la Academia como el único Capitán Cadete que sirvió a dos promociones, debido a que las primeras tres promociones se graduaron en tres años y la cuarta promoción fue extendida a cuatro años.
Dos determinantes eventos para su vida ocurrieron en sus años como cadete de la Academia Militar de Nicaragua, que influyeron el resto de su vida.
Primero: conoció y se hizo amigo de Anastasio Somoza Debayle, quien era cadete en la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point, Nueva York, y gustaba visitar la Academia Militar de Nicaragua durante sus vacaciones. Le fue asignado el Capitán Cadete Armando Fernández como edecán. Esa amistad y acercamiento de trabajo y fraternidad se mantuvieron durante toda su carrera militar.
Segundo: conoció y se enamoró de una de las muchachas más bellas de Nicaragua: Yolanda Bendaña D’Arbelles, quien era sobrina del Subdirector de la Academia Militar, el Cnel. Julio D’Arbelles. Yolanda tenía ancestros franceses y llegaba a la Academia a visitar a su tío desde León, donde vivía con su familia.
El Cnel. (Inf.) Julio D’Arbelles, G.N., estudió en Saint-Cyr, la icónica Escuela Militar de Francia. Sirvió durante muchos años en el ejército francés. Cuando el gobierno de los Estados Unidos fundó la Academia Militar de Nicaragua, le pidieron salir del retiro y fue nombrado Subdirector de la Academia y Comandante de Cadetes de 1940 a 1948, debido a su amplia experiencia militar y a que era uno de los pocos oficiales nicaragüenses de alto nivel. Además, era considerado un héroe nacional de Francia por su desempeño en la Primera Guerra Mundial.
La atracción entre el Cadete Armando Fernández y la bella Yolanda Bendaña fue mutua y el amor floreció rápidamente.
La madre de Yolanda fue doña Concepción D’Arbelles Izaguirre, hija de Rodolfo D’Arbelles e Isidra Izaguirre, quienes vivían en el puerto de Corinto, Chinandega. Don Rodolfo llegó a Nicaragua alrededor de 1870 procedente de Francia e Isidra Izaguirre descendía de una prominente familia chilena con ancestros del País Vasco.
El padre de Yolanda fue don Gregorio Bendaña y su madre doña Concepción. El matrimonio tuvo quince hijos, de los cuales nueve sobrevivieron hasta la mayoría de edad. Entre los hermanos de Yolanda estaban Rodolfo, gerente de la Autoridad Portuaria en Corinto; Orlando, prominente abogado criminalista; Julio, médico y cirujano; y Vilma, casada con el Dr. Gustavo Guerrero, presidente del Banco Central de Nicaragua y posteriormente presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
El 4 de julio de 1947 se graduó el Cadete Armando Fernández Murillo, conquistando el primer puesto de su promoción, como correspondía al Capitán Cadete.
Al año siguiente, el 19 de febrero de 1948, contrajeron matrimonio el Teniente (Inf.) Armando Fernández Murillo, G.N., y su bella novia Yolanda Bendaña D’Arbelles.
Al finalizar la luna de miel, el Teniente Fernández recibió órdenes de incorporarse a las tropas que patrullaban la frontera con Costa Rica debido a la incursión de opositores armados nicaragüenses apoyados por el gobierno de José Figueres Ferrer, quienes intentaban derrocar al gobierno del General Somoza García.
El patrullaje fronterizo se prolongó por casi un año y durante ese período la joven esposa, Yolanda de Fernández, se trasladó a León para vivir con su madre, doña Concepción D’Arbelles, mientras duraba la misión militar de su esposo.

El primer hijo de Armando y Yolanda nació el 30 de junio de 1949 con el nombre de Armando José, tristemente nació con parálisis cerebral muy aguda y su cuido le cambió sustancialmente la vida al matrimonio Fernández-Bendaña, pero por sobre todas las cosas le dieron a su primogénito todos los cuidados y todo el amor del mundo. A través de sus primeros 20-25 años los médicos decían que moriría en cualquier momento y tenían que estar preparados para ello. En su casa, siempre mantenían un estado de alerta para estar listos a cualquier emergencia médica de su hijo mayor. Armando y Yolanda se prometieron el uno al otro hacer todo lo posible, y hasta lo imposible, para cuidarlo y evitar que falleciera prematuramente, como diagnosticaban algunos médicos, pero con todos los esfuerzos de los padres para mejorar su condición médica.

Armando José vivió hasta los 75 años y falleció en 2023.
Yolanda le hizo prometer a su esposo, que la situación de su hijo no tenía que impedir su trabajo como militar y la búsqueda de éxitos en su vida profesional.
Por la amistad consolidada, Anastasio Somoza Debayle pidió al matrimonio Fernández ser el padrino de Armando José, sellando aún más el lazo fraternal entre ellos. A través de su vida, Anastasio Somoza Debayle nunca olvidó a Armando José Fernández Bendaña y siempre estuvo pendiente y activo por ayudarlo en todo lo que pudo.

El sueño del Oficial Armando Fernández en sus primeros años de vida castrense, fue llegar a ser Director de la Academia Militar de Nicaragua, su alma mater. Por ello, pidió ser asignado como profesor e instructor de los cadetes. Impartió clases en todas las ramas académicas durante más de 10 años en la Academia Militar. Ese período le dio la oportunidad de contribuir a la formación de más de 10 promociones de cadetes, creando fuertes nexos profesionales y amistades muy grandes que le duraron el resto de su carrera castrense y de su vida.

En este período también pasó dos años (1954-1955) viviendo en Colón, Zona del Canal, Panamá, con su esposa Yolanda y su hijo Armando José, estudiando y entrenándose en varios cursos militares y como instructor en la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos.

Al regresar a Managua, nació su hija, Yolanda Pilar, el 21 de febrero de 1956. Tener un segundo hijo, esta vez mujercita y muy sana, después de siete años criando y cuidando solamente a su hijo Armando José, fue una alegría inmensa para los padres.
Estando de regreso en Managua, ocurrió el magnicidio del presidente Anastasio Somoza García y la transición del poder a su hijo Luis Somoza Debayle. En esta etapa recibió el primer nombramiento de Comandante de la Mina El Jabalí, comunidad de Santo Domingo en Chontales. Un lugar muy pequeño y remoto, pero donde podía adquirir experiencia como Comandante de una plaza. Ahí vivió con Yolanda y sus dos hijos un poco menos de un año.

A comienzos de 1958, el Oficial Armando Fernández Murillo fue asignado como Segundo Attaché Militar en la Embajada de Nicaragua en la Ciudad de México, donde permaneció con toda su familia por cuatro años hasta finales de 1961.

En esa época había mucha actividad revolucionaria en toda Latinoamérica y mucha de ella se originaba en México. Por tanto, el gobierno de Nicaragua quería tener una misión militar en su embajada en México para entender las amenazas que pudiera tener el gobierno. El Gral. Fernández descubrió mucho en ese puesto ya que tenía una ventana al funcionamiento de México como país y también aprendió el papel de diplomático. Esos años fueron la época de oro de México y Fernández y su familia pudieron presenciar ese empuje económico, cultural y político mexicano.

El 9 de mayo de 1958, en la Ciudad de México, nació el tercer hijo del matrimonio Fernández-Bendaña.

Para garantizar la nacionalidad nicaragüense, los derechos constitucionales y las posibles posiciones políticas en Nicaragua, para su nuevo hijo nacido en México, sus padres lo inscribieron en los libros del gobierno de Nicaragua como hijo de diplomático nacido en el exterior, con el nombre de Henry Fernández Bendaña. Cuando el niño tenía tres años y medio, el Gral. Fernández terminó su misión diplomática en México y debía regresar a Nicaragua con toda la familia, pero el gobierno mexicano, con su fuerte nacionalismo, insistió que el niño Henry tenía que salir de México como ciudadano mexicano, de modo que el niño Henry con toda legalidad ostenta, todavía en el presente, las dos ciudadanías, nicaragüense y mexicana.

El 13 de julio de 1962, nació en Managua el cuarto hijo del matrimonio de Armando y Yolanda, bautizado con el nombre de Aland Fernández Bendaña.
En 1963 el Gral. Fernández fue nombrado Comandante del Puerto de Corinto. En 1964 fue nombrado Subcomandante del departamento de Chinandega, donde tuvo que combatir mucha criminalidad en el departamento y controlar una huelga muy grande en el Ingenio San Antonio, del Grupo Pellas. En el proceso de controlar la huelga, conoció a don Alfredo Pellas Chamorro.

De regreso a Managua ocupó brevemente un par de puestos, fue nombrado Subcomandante del Batallón Blindado, bajo el comando era el Gral. José R. Somoza. Ahí comenzó una amistad entre ellos que duró hasta el fallecimiento del Gral. José Somoza en Miami.

El 29 de abril de 1968, nació Omar José, quinto y último hijo del matrimonio Fernández.
Unos meses más tarde el General viajó a los Estados Unidos a realizar estudios militares superiores, fueron casi cuatro años de educación y entrenamiento de postgrado en los centros académicos más altos de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

El último de estos fue su graduación en la Escuela de Comando y Estado Mayor en Kansas, en diciembre de 1972. En este período el Gral. Fernández pasó mucho de su tiempo viviendo en varias ciudades y fuertes militares de los Estados Unidos con algunas semanas y hasta meses, regresando de visita en Nicaragua a disfrutar de su familia.

Debido a estos dinámicos movimientos de ciudad a ciudad en los Estados Unidos, el matrimonio decidió que él se iría solo y doña Yolanda y los cinco hijos, incluyendo uno con parálisis cerebral aguda, se quedarían en Nicaragua.
Esta etapa fue de gran experiencia y aprendizaje para el Gral. Fernández, pues tuvo la oportunidad de aprender las técnicas del manejo del poder militar y político en los Estados Unidos y en el mundo. Además logró establecer importantes relaciones y amistades con oficiales norteamericanos del más alto rango que llegaron a ejercer gran poder de mando en los Estados Unidos.
La noche del 22 de diciembre de 1972 regresó el Gral. Armando Fernández a Managua, unas horas antes del fatal y profundo golpe del magno terremoto del 23 de diciembre de 1972, en el que falleció la madre de Yolanda, doña Concepción D’Arbelles Izaguirre.
Después de los funerales y el sepelio, el Gral. Fernández llevó a toda su familia a la casa veranera de sus parientes, Alfonso (Poncho) y Esperanza Callejas Deshon en el Puerto de Corinto. Inmediatamente después el Gral. Fernández se reportó para trabajo con el Presidente Anastasio Somoza.

Unos días después, el Gral. Somoza le pidió al Gral. Fernández que fuera el Comandante del Batallón 23 de Diciembre, que agrupaba todas las fuerzas militares de Managua y muchas del resto de Nicaragua bajo Ley Marcial. El Gral. Fernández fue el Comandante de ese batallón por casi un año, logrando mantener paz, orden y estabilidad en la capital en una época de enormes cambios en todos los órdenes.
Resuelto el problema del terremoto de Managua, el Gral. Fernández fue nombrado Encargado General de Abastos (G4), que era el oficial que administraba el presupuesto, las finanzas y los abastos de la Guardia Nacional, en un período de mucha destrucción por el terremoto y de muchas necesidades. Ejerció ese cargo cerca de 4 años: 1973-1977.

Después de un breve período como Jefe de Operaciones (G3), fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional, una posición solamente abajo del Presidente Somoza Debayle y de su hermano el Gral. José Somoza.
Ejerció esta posición hasta la salida de Nicaragua al exilio el 17 de julio de 1979.
Como Jefe del Estado Mayor, tuvo que manejar muchos conflictos políticos y encuentros militares con los sandinistas, combatiendo en León, Nandaime, Matagalpa y Estelí. Y no obstante que el Gral. Fernández era un militar profesional, también era un hombre de paz, cultura y de progreso, él hizo todo lo posible para lograr esos valores en sus actividades militares en esos años, pero los sandinistas querían guerra y tomar el poder por las bayonetas. No hubo otra solución.
En mayo de 1979, el Presidente Somoza le pidió al Gral. Fernández que viajara a Washington D.C., y con el Embajador de Nicaragua en Estados Unidos, Guillermo Sevilla Sacasa, trataran de convencer al gobierno de Jimmy Carter, al Pentágono y la Organización de Estados Americanos que ayudaran al gobierno de Somoza a buscar la paz y estabilidad en Nicaragua. Pero ya estaba decidido el final para Nicaragua y su gobierno. La presidencia de Jimmy Carter, con el Secretario de Estado, Cyrus Vance y su segundo, Christopher Warren, habían decidido que Somoza tenía que renunciar a su gobierno y salir de Nicaragua.
Realmente no habían pensado en las consecuencias y el resultado de entregar Nicaragua a los Sandinistas. El Gral. Armando Fernández regresó a Managua sin llevar ninguna ayuda financiera ni militar. Faltaban pocos días o semanas para que se agotaran las municiones de la Guardia Nacional y no tuvieran dinero ni permiso para comprarlas, por la aplicación de un embargo de armas impuesto por los Estados Unidos.
Una semana antes de la caída del gobierno de Somoza, ocurrida el 17 de julio, el Presidente Somoza le pidió al Gral. Fernández que organizara la partida de Nicaragua de los miembros de su gobierno con todo el detalle que pudiera y con la confidencialidad requerida. Fueron días muy intensos, de gran presión, de mucho trabajo, coordinación y miedo de ser emboscados o asesinados por los Sandinistas y sus espías.

Los dos últimos aviones que salieron de Managua antes de la toma del gobierno y de Nicaragua por los Sandinistas, fueron el avión del Presidente Somoza, su familia y su staff, y un avión de guerra de carga del gobierno norteamericano donde iban altos oficiales militares y miembros del gabinete y del Congreso. En pleno vuelo a Estados Unidos, el gobierno de Carter los traicionó y por radio les dijo que no podían aterrizar en Estados Unidos. Después de gestiones de negociación, permitieron el aterrizaje en la base aérea de Homestead, Florida, con permiso de estadía en Estados Unidos de solamente una semana.
Por negociación con la oficina de Warren Christopher, concedieron al Gral. Fernández y su familia una visa renovable cada tres meses para permanecer en Estados Unidos. Unos meses después el Gral. Fernández presentó una solicitud de asilo político. Este proceso tardó varios años en lograrse, sometido a muchas intrigas políticas y diplomáticas.

En la década de 1979 a 1990, el Gral. Fernández trabajó mucho para normalizar su situación migratoria en EE.UU. Por varios años, las autoridades lo mantuvieron con una visa turística renovable cada 3 meses. La Senadora del Congreso Estatal de Florida, Paula Hawkins, se enteró del caso e intercedió ante Inmigración para que le concedieran Residencia Permanente y, conforme a los términos de la ley, cinco años después logró la ciudadanía para él y toda su familia.
Durante esos años, el Gral. Fernández se dedicó al desarrollo de bienes raíces y también estableció en Miami un Liquor Store que estuvo activo por más de 12 años y le dio empleo a varios familiares y amigos. Siempre se mantuvo atento al exilio nicaragüense en EE.UU. y al futuro de Nicaragua.
A los 65 años el Gral. Fernández se jubiló y se dedicó a su familia, especialmente al cuidado de su hijo enfermo con parálisis cerebral, Armando Jr.
El gobierno de los Estados Unidos le propuso al Gral. Fernández convertirse en asesor militar norteamericano en El Salvador para tratar de parar el contagio revolucionario socialista. Fernández declinó la propuesta diciéndoles: «Yo he peleado por mi patria como corresponde a mi obligación de patriota, pero yo no soy mercenario militar».
Los Fernández han vivido en el maravilloso país de las barras y las estrellas, aportando a los Estados Unidos y cumpliendo con la Ley. El Gral. Fernández estableció su vida en Miami, dedicando tiempo a cuidar a su hijo enfermo y a su familia. Años después se trasladaron a Tampa, Florida para estar cerca de su hijo Aland, que es un prestigioso médico cardiólogo que atendió a su hermano Armando José.
El 23 de diciembre de 2019 falleció en Tampa, Florida doña Yolanda Bendaña D’Arbelles de Fernández a la edad de 92 años, causando una enorme conmoción a su esposo, hijos y nietos. El Gral. Fernández quedó devastado por la muerte de su único amor durante 72 años de sagrado matrimonio. En junio de 2023 el Gral. Fernández y su familia sufrieron otra dolorosa experiencia al fallecer en Tampa, Florida, el hijo primogénito, Armando José Fernández Bendaña, a los 75 años de edad, una vida prolongada por los amorosos cuidados de sus padres y sus hermanos.

El General se quedó solo y viviendo con su hijo Aland. Por su disciplina férrea y voluntad de hierro, logró superar los golpes muy fuertes por el fallecimiento de dos de sus seres más queridos que habían vivido con él la gran parte de su vida.
Finalmente, el Gral. (Inf.) Armando Fernández Murillo, G.N., falleció en Tampa, Florida el 5 de febrero de 2026, con casi 100 años de edad.
Los hermanos Fernández se mantienen unidos aunque vivan en diferentes ubicaciones: Yolanda Pilar vive en San Francisco, California. Aland vive en Tampa, Florida y sigue ejerciendo como Médico Cardiólogo. Omar vive en Miami y Henry vive en Nueva York en el mundo de las finanzas.

Desde que llegó a Miami en 1979 hasta los 80 años, el Gral. Fernández siempre mantuvo un régimen de ejercicios aeróbicos, de pesas y corriendo más de 5 millas al día. Eso lo mantuvo con gran salud mental y física. Afortunadamente gozó de excelente salud hasta sus últimos días. A través de toda su vida en los Estados Unidos, siempre añoraba a su tierra natal y seguía los eventos en Nicaragua, pero resignado porque sabía que no regresaría al terruño que lo vio nacer.

«Dios Todopoderoso tiene ya a su diestra el alma buena y portentosa del Mayor General Armando Fernández Murillo, a su adorada esposa Yolanda y a su amado hijo Armando José, iluminados con la perpetua luz del Espíritu Santo».


Maravilloso árticulo, gran hombre, leal,hoorable