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	<title>Catedra Dariana &#8211; La Estrella de Nicaragua</title>
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	<description>«El periódico-libro que informa, orienta y educa».</description>
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	<title>Catedra Dariana &#8211; La Estrella de Nicaragua</title>
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		<title>Día Mundial de la Poesía en España en homenaje a Rubén Darío</title>
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		<pubDate>Tue, 12 May 2026 01:06:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
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					<description><![CDATA[La bella, histórica y populosa ciudad española de Algeciras se sumó al Día Mundial de la Poesía con un acto dedicado a Rubén Darío. El 21 de marzo de 2026 se realizó un recital poético y musical, organizado por el Ayuntamiento de Algeciras junto a asociaciones culturales y entidades literarias, con la actuación de poetas [&#8230;]]]></description>
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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="319" height="474" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/601-poesia.jpg" alt="" class="wp-image-58821" style="aspect-ratio:0.6730071866552384;width:221px;height:auto" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/601-poesia.jpg 319w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/601-poesia-202x300.jpg 202w" sizes="(max-width: 319px) 100vw, 319px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">La bella, histórica y populosa ciudad española de Algeciras se sumó al Día Mundial de la Poesía con un acto dedicado a Rubén Darío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 21 de marzo de 2026 se realizó un recital poético y musical, organizado por el Ayuntamiento de Algeciras junto a asociaciones culturales y entidades literarias, con la actuación de poetas locales, artistas y multitudinaria participación ciudadana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue un acto cultural que combinó literatura y música en homenaje al inmortal poeta nicaragüense Rubén Darío, desarrollado en el amplio Salón de Actos Poeta Manuel Fernández Mota del Centro Documental José Luis Cano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recital contó con la participación de varios colectivos culturales, instituciones y creadores del ámbito literario y artístico del Campo de Gibraltar. No obstante, el formato del encuentro fue también participativo, por lo que la organización habilitó un espacio de micrófono abierto para todas aquellas personas que quisieron compartir poemas propios o rendir tributo a la obra del inmortal poeta nicaragüense Rubén Darío. Tuvieron la oportunidad y libertad de hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jornada se inscribió dentro de las actividades que se desarrollan en numerosos países con motivo del Día Mundial de la Poesía, una conmemoración instaurada por la Unesco con el objetivo de promover la diversidad lingüística a través de la expresión poética y apoyar a los poetas y creadores literarios de todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Figura central de la renovación literaria en lengua española, Rubén Darío (1867-1916), calificado como el máximo exponente del modernismo literario hispanoamericano, impulsó un movimiento que transformó la poesía desde finales del siglo XIX con obras tan influyentes como Azul…, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza. Su legado literario, marcado por la musicalidad del verso, la renovación del lenguaje poético y una profunda dimensión simbólica, continúa siendo una referencia imprescindible de la literatura española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acto fue organizado por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Algeciras en colaboración con la Asociación Cultural Arte Ahora y la Rubén Darío World Foundation, con sede en los Estados Unidos, que preside el bisnieto de Rubén Darío, el Ing. Rubén Darío IV, entidad internacional dedicada a la difusión de la obra y el legado del escritor, poeta, periodista y diplomático nicaragüense. También contó con la colaboración de instituciones como la Academia Española de Literatura Moderna, la Academia Nacional e Internacional de la Poesía SMGO, el Movimiento Internacional “Love Living” y el Ateneo Libertario “José Román” de Algeciras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La iniciativa fue presentada por el alcalde José Ignacio Landaluce, junto a la teniente de alcalde delegada de Cultura, Pilar Pintor, quienes destacaron el valor simbólico y cultural de esta jornada dedicada a la poesía, disciplina literaria que cada año gana protagonismo en el calendario cultural de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según explicó Pilar Pintor, el encuentro literario reunió a poetas, escritores, músicos y amantes de la literatura en un espacio de intercambio cultural y participación abierta, y manifestó: «Este acto tuvo un doble significado: por un lado, se celebró el Día Mundial de la Poesía y, por otro, conmemoró el aniversario del nacimiento de Rubén Darío».</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El Día Mundial de la Poesía es una fecha muy especial para el mundo de la cultura y desde el Ayuntamiento de Algeciras queremos seguir sumándonos a futuras celebraciones, fomentando el reconocimiento y la difusión de la poesía como una expresión artística fundamental», indicó el regidor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con esta cita cultural, la ciudad de Algeciras se sumó a las ciudades que celebran esta jornada internacional reivindicando el valor de la palabra poética y recordando la inmensa personalidad de Rubén Darío, considerado uno de los grandes renovadores de la literatura hispanoamericana y una referencia imprescindible en la evolución de la poesía en lengua española.</p>
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		<title>El secreto que Rubén Darío escribió en alta mar… y pocos conocen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 20:31:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
		<category><![CDATA[Estrella]]></category>
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					<description><![CDATA[El librero anticuario italiano Federico Orsi conserva un ejemplar de la primera edición de Cantos de vida y esperanza, poemario culminante de Rubén Darío —editado en Madrid a mediados de 1905— con la siguiente dedicatoria: «A mi querido ministro y amigo, my friend, Luis L. F. Corea. En el mar y por siempre. Rubén Darío». [&#8230;]]]></description>
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<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="231" height="200" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-jorge-eduardo.jpg" alt="" class="wp-image-58745" style="aspect-ratio:1.1550121103211188;width:211px;height:auto"/></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">El librero anticuario italiano Federico Orsi conserva un ejemplar de la primera edición de Cantos de vida y esperanza, poemario culminante de Rubén Darío —editado en Madrid a mediados de 1905— con la siguiente dedicatoria: «A mi querido ministro y amigo, my friend, Luis L. F. Corea. En el mar y por siempre. Rubén Darío».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin datación específica, estas palabras de Rubén hay que ubicarlas en el Atlántico, mientras viajaba como secretario de la delegación del gobierno de Nicaragua —presidido por el general José Santos Zelaya— a la Tercera Conferencia Panamericana, celebrada en Río de Janeiro del 23 de julio al 27 de agosto de 1906. Luis Felipe Corea, de 42 años (había nacido en 1864), era el jefe de la delegación y también el destinatario de la dedicatoria, escrita entre el 3 y el 23 de julio del año citado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="750" height="500" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-3.jpg" alt="" class="wp-image-58765" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-3.jpg 750w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-3-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 750px) 100vw, 750px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>Datos del destinatario</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Corea, nacido en la ciudad nicaragüense de Granada, era hijo de un modesto y honrado comerciante y se había bachillerado en el famoso Colegio de Granada, donde tuvo como compañero de aulas, entre otros, a Emiliano Chamorro (1871–1966), con quien, por encima de las divergencias políticas, cultivó siempre cordial amistad. Estudió y se graduó en Derecho en Guatemala. Allí ejerció luego la judicatura y fue catedrático de Historia y Filosofía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Zelaya lo envió a Washington como secretario de la Embajada de Nicaragua y más tarde lo nombró ministro plenipotenciario. Por varios años desempeñó este alto cargo y, en ese lapso, llevó misiones a Cuba y México. Representó a Nicaragua en varias conferencias internacionales, una de ellas la Panamericana de Río de Janeiro, teniendo como secretario a Rubén Darío (José Francisco Borgen: Una vida a la orilla de la historia (Memorias). Managua, D.N., Dilesa-Editores, 1979, pp. 142–143).</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="450" height="596" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-1.jpg" alt="" class="wp-image-58747" style="aspect-ratio:0.7550533518601054;width:338px;height:auto" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-1.jpg 450w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-1-227x300.jpg 227w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">A Rubén Darío se le había unido Luis Felipe Corea en Lisboa el 3 de julio de 1906. No se conocían y, según una crónica de Darío publicada en La Nación el 28 de julio del mismo año —y que rescataría Günther Schmigalle—, Corea parecía «aun lleno de juventud, que concentrara los dones de una larga experiencia y seducía como persona y como alma. Su gesto es decisivo, sus juicios maduros, su charme invariable» (RD: Crónicas desconocidas / 1906–1914. Edición y notas de Günther Schmigalle. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, enero de 2011, p. 35).</p>



<p class="wp-block-paragraph">José Francisco Borgen, retomando los datos biográficos del diplomático, añade que tuvo como compañero de delegación en las conferencias de Washington en 1907 al doctor José Madriz (1867–1911), luego presidente de Nicaragua (21 de diciembre de 1909–20 de agosto de 1910). «Caído el dictador, se quedó Luis F. Corea ejerciendo su profesión en Nueva York, donde, gracias a su carrera diplomática, había realizado valiosas relaciones personales, ampliadas luego por su matrimonio con India Belle Fleming, hija de un banquero y senador liberal» (op. cit., p. 143).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Corea: candidato a las elecciones de 1924</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Continúa Borgen: «En 1923, varios importantes liberales lo llamaron haciéndole llegar un acta que se dijo cubierta por diez mil firmas» para participar como candidato en las elecciones de noviembre de 1924, pero fue derrotado por la fórmula Solórzano-Sacasa, una alianza del Partido Conservador Republicano —fundado por el presidente Bartolomé Martínez (1860–1936)— con liberales nacionalistas, que obtuvo 48,072 votos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="434" height="631" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-2.jpg" alt="" class="wp-image-58746" style="aspect-ratio:0.6877894163385583;width:243px;height:auto" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-2.jpg 434w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-2-206x300.jpg 206w" sizes="(max-width: 434px) 100vw, 434px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">El candidato del conservatismo tradicional y expresidente Emiliano Chamorro quedó en segundo lugar con 28,760 votos, y en tercero Luis Felipe Corea, quien intentaba reinstalar el proyecto nacional del zelayismo, con 7,264. Los restantes votos, 39,196, fueron nulos o correspondieron a ciudadanos inscritos que no votaron (Óscar-René Vargas: Historia del siglo XX. Nicaragua 1910–1925. Managua, CEREN y Tegucigalpa, CEDOH, 2000, p. 70).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Mal hombre ese»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a la misión diplomática de Corea y Darío en Brasil, Edelberto Torres (1899–1994) afirma que a Corea le roía las entrañas una envidia que le nacía espontáneamente contra Rubén, quien, disimulando la situación, callaba. Solo una vez se desahogó al referir a un amigo íntimo que le preguntó sobre la conducta del doctor Corea hacia él: «Mal hombre ese».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta la fecha, no se ha podido encontrar la fecha de fallecimiento de Luis Felipe Corea, y no «Cosen», como paleografió erradamente Federico Orsi, poseedor de uno de los escasos ejemplares dedicados de la primera edición de Cantos de vida y esperanza.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="231" height="200" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2026/05/600-catedra-jorge-eduardo.jpg" alt="" class="wp-image-58745"/></figure>
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		<item>
		<title>El Rubén de los bazuqueros de Nicaragua</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Feb 2025 20:22:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
		<category><![CDATA[Estrella]]></category>
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					<description><![CDATA[Bazuquero: adj. pop. Borracho consuetudinario de barrios marginales, generalmente andrajoso, que ingiere licor de baja calidad. «En este barrio abundan los bazuqueros». Diccionario de uso del español de Nicaragua. Managua, ANL, 2001, p. 38. El conocimiento más ínfimo de Rubén Darío, existente en Nicaragua hasta el terremoto de Managua del 72, fue el apócrifo de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="200" height="177" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2020/11/535_arellano01.jpg" alt="" class="wp-image-661" style="width:147px;height:auto"/></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Bazuquero: adj. pop. Borracho consuetudinario de barrios marginales, generalmente andrajoso, que ingiere licor de baja calidad. «En este barrio abundan los bazuqueros».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diccionario de uso del español de Nicaragua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Managua, ANL, 2001, p. 38.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El conocimiento más ínfimo de Rubén Darío, existente en Nicaragua hasta el terremoto de Managua del 72, fue el apócrifo de las cantinas, donde el poeta era vulgarizado. Debería decir: vulgareado. Porque era totalmente ajeno a la obra y a la personalidad del liróforo celeste, resultando exclusiva obra de la imaginación de nuestros anónimos picaditos o bazuqueros. En el fondo, ellos aspiraban a incluir a Darío entre los ilustres antecesores de su gremio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es que la leyenda alcohólica de Darío se oculta en estos ejercicios de versificación que casi todo nicaragüense no puede reprimir. Si a ello agregamos la dimensión de Darío como mayor héroe civil y cultural de Nicaragua, tendríamos una explicación del producto folclórico que deseo ejemplificar, aprovechando comunicaciones de varios amigos difuntos, como el profesor Rafael Carrillo Díaz y el mal poeta Reinaldo Hooker, perteneciente a la «generación traicionada» a sí misma. Ya Luis Alberto Cabrales, en los mismos años sesenta, había elaborado un ensayo sobre el tema que consulté para no repetir los textos que transcribe.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="253" height="375" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-catedra-1.jpg" alt="" class="wp-image-58660" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-catedra-1.jpg 253w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-catedra-1-202x300.jpg 202w" sizes="(max-width: 253px) 100vw, 253px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los «míos» oscilan entre la afirmación del orgullo patrio (frente a los españoles) y la ocurrencia ingeniosa, más el uso efectivo de la rima consonante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer ejemplo, al respecto, es la cuarteta sustentada en esta imaginaria anécdota. Hallándose en la hermana república del sur, unos «colegas» de tragos y versos le pidieron brindar después de sustituirle el licor con agua en su copa. Pero el poeta, advirtiendo el truco, se salió con la suya:&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya que la musa me pica</p>



<p class="wp-block-paragraph">y me ponen en una copa agua</p>



<p class="wp-block-paragraph">yo brindo por Costa Rica</p>



<p class="wp-block-paragraph">en nombre de Nicaragua.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="241" height="233" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-catedra-2.jpg" alt="" class="wp-image-58659"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Otra «improvisación», apócrifa como todas estas composiciones, tiene de escenario la Madre Patria. «Allá en las márgenes del Tejo», decían en las cantinas los picaditos de Rivas que comenzó a declamar Darío. Tajo, le corrigió un muchacho del público, por lo cual el inspirado vate tuvo que repetir estos dudosos versos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Allá en las márgenes del Tejo</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;una desnuda criatura</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;se paseaba luciendo su figura</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sobre una luna</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de brillantes espajos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya ves, gran jotaabajo,</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que es Tejo y no Tajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la mayoría de esas ilustraciones humorísticas, en la cual Darío era concebido como un personaje similar al «Quevedo» de nuestros relatos callejeros e infantiles, poseían una ostensible connotación sexual. He aquí una consistente en el diálogo entre el supuesto Darío quinceañero que detiene a una campesina, a la salida de León, y le espeta:</p>



<p class="wp-block-paragraph">De dónde vienes,</p>



<p class="wp-block-paragraph">para dónde vas,</p>



<p class="wp-block-paragraph">no hay más remedio,</p>



<p class="wp-block-paragraph">aquí me lo das.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ella no se queda atrás:</p>



<p class="wp-block-paragraph">De arriba vengo,</p>



<p class="wp-block-paragraph">para abajo voy,</p>



<p class="wp-block-paragraph">no hay más remedio:</p>



<p class="wp-block-paragraph">aquí te lo doy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mas aún: el profesor Carrillo me comunicó una composición coprológica que ficticiamente tuvo su lugar, es claro, en una cantina, esta vez de Masaya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras unos bolos ––o ebrios consuetudinarios–– que libaban con Darío, uno de ellos improvisó:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo que para poeta no nací</p>



<p class="wp-block-paragraph">y echo mis versos a la izquierda,</p>



<p class="wp-block-paragraph">brindo porque coman mierda</p>



<p class="wp-block-paragraph">todos los que están aquí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Darío cerró con «broche de oro», contestándole:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Usted que para poeta no nació</p>



<p class="wp-block-paragraph">y echa sus versos a la izquierda</p>



<p class="wp-block-paragraph">brindo para que coma mierda</p>



<p class="wp-block-paragraph">por la gran puta que lo parió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su lado, Hooker me recitó una mala décima ––también coprológica y escuchada entre sus amigos bazuqueros–– en la que figuraban notables personalidades españolas del siglo diecinueve:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me cago en Prim y en Topete</p>



<p class="wp-block-paragraph">en Serrano y Castelar</p>



<p class="wp-block-paragraph">y en todo peninsular</p>



<p class="wp-block-paragraph">de Madrid a Albacete.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me cago en el Guadalete</p>



<p class="wp-block-paragraph">y en toda la gente guapa</p>



<p class="wp-block-paragraph">que del registro se escapa</p>



<p class="wp-block-paragraph">y para hacerlo en conjunto</p>



<p class="wp-block-paragraph">me cagaré hasta en el punto</p>



<p class="wp-block-paragraph">que ocupa España en el mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por fin, en la siguiente cuarteta el vulgo retoma la superioridad nica ante los colegas peninsulares de Darío:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rosales y Mejías,</p>



<p class="wp-block-paragraph">poetizos españoles:</p>



<p class="wp-block-paragraph">sois un par de frijoles</p>



<p class="wp-block-paragraph">entre la mierda mía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Evidentemente, el Rubén de los bazuqueros de Nicaragua pertenecía al fenómeno de la miticidad dariana ––en la cual tanto ha insistido Nicasio Urbina–– que identifica a Darío con un vulgar improvisador y aficionado a la bebida y a las mujeres. Todos estos ejemplos ––como señaló oportunamente Ricardo Llopesa–– «tienen más relación con la picaresca soez que con la poesía». Y, si acaso persisten, no podrían desterrarse del imaginario popular.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="600" height="239" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg" alt="" class="wp-image-1506" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg 600w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas-300x120.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>
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		<title>Agonía y muerte de Rubén Darío</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Feb 2025 18:41:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
		<category><![CDATA[Estrella]]></category>
		<category><![CDATA[Nicaragua]]></category>
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					<description><![CDATA[Estando Rubén Darío en Managua ya muy enfermo, tenía momentos de angustiada exitación, cuando se calmó le habló a su amigo Francisco Huezo, intelectual y periodista, a quien le confesó: «Chico, me siento fatal. Tengo fatiga, una desesperante fatiga; estas náuseas y este dolor en el estómago, mucho tormento, lo agrio del paladar, estos gases [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="399" height="221" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-1.jpg" alt="" class="wp-image-58646" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-1.jpg 399w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-1-300x166.jpg 300w" sizes="(max-width: 399px) 100vw, 399px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Estando Rubén Darío en Managua ya muy enfermo, tenía momentos de angustiada exitación, cuando se calmó le habló a su amigo Francisco Huezo, intelectual y periodista, a quien le confesó: «Chico, me siento fatal. Tengo fatiga, una desesperante fatiga; estas náuseas y este dolor en el estómago, mucho tormento, lo agrio del paladar, estos gases ácidos me desesperan». Rubén, que a lo largo de su vida y su obra exteriorizó su terror a la muerte, le dijo a Huezo: «No le tengo miedo a la muerte. ¡Qué importa que venga! En ocasiones he gozado tanto como tal vez no lo han logrado los millonarios de la tierra. He comido como príncipe, he vestido con mucho lujo, he tenido historias en el mundo de las supremas elegancias, me he relacionado con los más altos personajes del mundo; he sentido con frecuencia el aletazo de la gloria, he derrochado dinero que gané en abundancia. ¿Qué me queda por desear? ¡Nada! ¡Venga la muerte!»&nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="400" height="342" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-2.jpg" alt="" class="wp-image-58645" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-2.jpg 400w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-2-300x257.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">El 7 de enero de 1916 Darío regresó a León acompañado de su médico y amigo Luis H. Debayle y de su esposa legal Rosario Murillo Rivas. El presidente Díaz puso a su disposición un tren expreso que no se detuvo en ninguna estación. Fue instalado en la casa del barrio San Juan de su amigo Francisco Castro, un catre de hierro, sin cielorraso, piso de ladrillos de barro y paredes blanqueadas con cal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 8 de enero el Dr. Debayle y el Dr. Escolástico Lara, erradamente convencidos que el padecimiento de Rubén era cirrosis atrófica, decidieron aplicar a Rubén un brutal instrumento llamado trocar, un punzón hueco con punta de tres aristas cortantes, revestido de una cánula, con esto le dieron una cruel estocada al paciente y le extrajeron 14 litros de líquido de su estómago. Darío creyó que se trataría de una simple inyección y protestó a los médicos: «!Yo no he venido a ser crucificado!» Debayle le contestó: «Lo hacemos para salvarte de la muerte», pero la muerte no se alejó y el paciente siguió empeorando. Más médicos se presentaron a contribuir para atender al moribundo. Darío fijó su mirada en uno de ellos, médico de elevada estatura, de civilizadas maneras. El poeta atento en identificar al nuevo médico, preguntó: «¿Quién es esta mediocridad sonriente?» El Dr. Lara le respondió: «Es tu amigo, el doctor Juan Bautista Sacasa». Efectivamente, Sacasa se presentó a participar de la junta de médicos que atendían a Darío, y desde el primer momento él estuvo en total desacuerdo con el diagnóstico de Debayle y Lara de cirrosis atrófica. Pero éstos, desesperados insistieron en más puñaladas con el trocar para extraer, decían ellos, pus del hígado. El propio paciente concordó con Sacasa: «Mi enfermedad es mi antigua colitis, siento en el bajo vientre como una placa de fuego; ataquen el desorden hemorroidal y estaré bueno, no la descuiden. En la sangre que arrojó se va la vida. Mi hígado está sano, no me duele, nada tengo en él», pero «el sabio Debayle» insistió en auchillarle con el trocar.&nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="400" height="260" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-3.jpg" alt="" class="wp-image-58644" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-3.jpg 400w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-3-300x195.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">La «mediocridad sonriente» como le apodó Darío al Dr. Sacasa, estaba en lo cierto, su diagnóstico fue el correcto. El problema de Darío estaba en el bajo vientre no en el hígado, el propio paciente explicó que su dolor, su padecimiento era su antigua colitis y que sentía en el bajo vientre como una placa de fuego, pero el «sabio» Debayle no escuchó a su ilustre paciente sino que estaba sucumbiendo al prejuicio de la cirrosis hepática causada por el alcoholismo del paciente y por tanto se empeñó en hundir ese afilado puñal llamado trocar en el hígado de Rubén esperando extraer pus, pero lo único que brotaba era sangre.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="400" height="256" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-4.jpg" alt="" class="wp-image-58643" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-4.jpg 400w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-4-300x192.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Médicos del siglo 21 que han estudiado estas narraciones del tratamiento que este afamado médico Debayle le aplicó a Darío, concuerdan que fue un diagnóstico erróneo que lo condujo a un tratamiento equivocado. Todo indica que el padecimiento de Darío fue un cáncer de colon con mortal propagación metastásica. El gobierno de Adolfo Díaz sabía que la muerte de Darío era inminente y que tendría repercusión «en otros países» y decretó presupuestos y actos para las honras fúnebres, programas que salieron publicados en los periódicos y estos llegaron a manos del moribundo Rubén. «Explotan mi muerte quienes me negaron apoyo en vida», comentó.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="400" height="281" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-5.jpg" alt="" class="wp-image-58642" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-5.jpg 400w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-5-300x211.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">El oportunista gobierno conservador esperaba lucirse ante el mundo. También la Iglesia Católica se movilizó por las mismas razones de darse lustre. Solamente para administrar a Darío el sacramento de la extremaunción, se organizó toda una pomposa procesión que encabezó el propio Obispo Mons. Simeón Pereira y Castellón, que recorrió las calles de León, para demostrar que el gran Rubén Darío era un devoto católico, apostólico y romano, arrimándose a la fama y prestigio del poeta para obtener réditos paara el prestigio de la Iglesia Católica. Rubén se preparó. Llegó el Obispo y sus cientos de acompañantes. </p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="400" height="262" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-6.jpg" alt="" class="wp-image-58641" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-6.jpg 400w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2025/02/586-Febrero-agoniaymuerte-6-300x197.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">El Obispo le expuso los principios de la fe católica y le preguntó si creía en ellos. Rubén alzó la voz y habló claro y fuerte: «Si, creo», abrió su boca sin sacar la lengua para recibir la hostia, la engulló y le dijo al Obispo: «Me felicito por haber recibido el pan de los fuertes». Pereira y Castellón concedió los santos óleos a Darío. Obispo y procesión se retiraron. Después el moribundo poeta sufrió alucinaciones, vio demonios y ángeles: «Acabo de ver a una hermosa persona, apuesta y noble ¡Qué semblante! ¡Qué dulzura de alma! Vino a visitarme. Entró con precaución para que yo no despertara. Es Mama Bernarda, la que he reconocido por madre, gentil y buena. ¡Qué suavidad inefable viene de ella! Bien, trés bien, ma chérie». También alucinó viendo demonios que mandó a echar fuera. Los médicos calificaron las visiones como el delirium tremens que padecen los alcohólicos cuando dejan la bebida. Los cirujanos Debayle y Lara seguían convencidos que el problema era la existencia de pus en el hígado, cuando no se contaba con análisis de laboratorio que confirmaran el diagnóstico. Rubén reiteradamente insistió en que su hígado estaba sano y  para demostrarlo le hizo presión con su mano. No hay dolor, que el dolor lo siente en el bajo vientre, y lo señaló. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Lara marcó con un lápiz otro lugar a la altura del hígado por donde debía penetrar nuevamente el trocar para otra extracción de la supuesta pus. El Dr. Debayle empuñó con firmeza el filoso trocar y penetró el abdomen del ilustre paciente que hizo un esfuerzo para resistir la puñalada. El Dr. Sacasa le pidió a Debayle que tirara del émbolo para comprobar la existencia de pus. Debayle lo hizo, y la opinión de Sacasa quedó demostrada: no salió pus sino sangre. Pero Debayle insistió en que «debía haber pus» en otro lado del hígado y siguió metiendo estocadas con el trocar, sin encontrar pus por ningún lado. El paciente se desmayó de tanta puñalada médica. El fracaso de las punciones de Debayle trascendió a la población y surgieron amenazantes críticas de indignación contra el prestigio del afamado médico y comenzaron a sospechar que el epíteto de «el sabio» era puro cuento de propaganda. Al recobrar la conciencia Darío pidió confirmar su testamento. Llegó el poeta y abogado Dr. Antonio Medrano para redactar y legalizar el testamento de Darío. Exigió que todos salieran de la alcoba, especialmente que saliera Rosario Murillo. El agónico panida expresó su voluntad testamentaria, confirmando como heredero universal a su hijo de nueve (9) años Rubén Darío Sánchez, todo lo que le pertenece le queda a su hijo: derechos totales de su obra literaria y la casa de León que heredó de la Mama Bernarda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada para Rosario Murillo ni para nadie más. El testamento fue sin duda una venganza de las amarguras que le hizo pasar la Murillo a Rubén.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la redacción del testamento nadie advirtió la presencia de un jovenzuelo, sirviente de la casa y temiendo que propagara el contenido del testamento, y para que no llegara a los oídos de la Murillo, le obligaron a jurar silencio. El chavalo quedó perplejo y callado. Entonces el mismo Darío le compulsó: «¡Jure, jodido!». El muchacho hizo la señal de la cruz con sus dedos: «Si, juro, don Rubén». Durante toda su agonía estuvo cuidándolo día y noche una hija no reconocida de su padre Manuel García y por tanto hermana paterna del poeta: Francisca Zapata García, iletrada, analfabeta, sencilla, solícita que había sacrificado su sueño para cuidar a su célebre hermano, un desconocido para ella. Darío concilió el sueño gracias a los calmantes, pero súbitamente despertó horrorizado y ante todos expuso su pesadilla: «¡Qué horror! ¡Mi cuerpo destrozado!» Todos sorprendidos, le preguntaron: «¿Qué es lo que te pasa Rubén, te sentís bien?». Darío respondió: «¡Es que he visto que descuartizaban mi cuerpo y que se disputaban mis vísceras, sí, sí, así como lo oyen, se disputaban mis vísceras!» Pronto su pesadilla se convertiría en una espantosa realidad, pero entonces él ya estaría en otra dimensión&#8230;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 5 de febrero se inició su agonía final ante el estupor y el silencio de los presentes en la habitación del moribundo: los médicos Luis Debayle y Escolástico Lara, la esposa Rosario Murillo, María Alvarado Darío, prima de Rubén; Francisco Paniagua Prado, Alejandro y Octavio Torrealba, Simeón Rizo Gadea y los dueños de la casa y amigos fraternos, Francisco y Fidelina Castro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 6 de febrero culminó la agonía con las últimas manifestaciones biológicas de un ser vivo. A las 10:15 de la noche, Rubén Darío exhaló su último aliento terrenal y murió.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estuvieron presente Rosario Emelina Murillo Rivas, Andrés Murillo Rivas y Joaquín Macías. El abogado y notario, Dr. Enoc Aguado Farfán, fue llamado para certificar la defunción y la autópsia que semejó una macabra danza ritual, que duró cinco horas, para extraer del tórax, abdomen y cráneo todas las vísceras, tal como el poeta lo había visto en sus pesadillas. Cuando Debayle extrajo el cerebro, como en una escena de The Ghost of Frankenstein, exclamó: «¡Aquí está el depósito sagrado!, ¡aquí está!». Introdujo el cerebro de Rubén Darío en un cilíndrico vaso de cristal con formalina y salió a la calle con el tesoro cerebral, pero le cortó el paso Andrés Murillo, forzado cuñado de Rubén Darío, y le reclamó la entrega del cerebro a Debayle, pero este se negó a entregárselo. Murillo pidió a los policías que intervinieran, explicando: «El cerebro de Rubén Darío pertenece a la viuda, mi hermana, es una reliquia de la familia». En la mente de Murillo estaba la idea de recuperar el cerebro con propósitos financieros. Los policías se llevaron preso al cerebro de Darío al cuartel y ahí permaneció varias horas encarcelado el parénquima cerebral, tal como Darío lo visualizó en sus oníricos tormentos. Se consultó al Presidente Díaz y éste otorgó el cerebro a la viuda, pero antes fue llevado al Dr. Juan José Martínez, prestigioso médico de&nbsp; Granada para que redactara un documento sobre el estudio del cerebro del genio. El Dr. Martínez entregó al gobierno un folleto de 60 páginas, pero sólo 5 páginas hablaban del cerebro para decir que pesó 1850 gramos ya deshidratado, que la circunvolución de Broca estaba sumamente desarrollada. Las otras 55 páginas fueron oportunistas elucubraciones literarias darianas del Dr. Martínez..</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los tres entierros de los restos de Rubén Darío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal como Darío lo vio en sus premoniciones agónicas, su cadáver fue despedazado y sus restos separados en tres partes: 1-Las vísceras. 2-El cerebro. 3-El cuerpo. Y cada parte fue enterrada separadamente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primer entierro: A las 9:00 de la mañana del 7 de febrero, Andrés Murillo Rivas tomó una pequeña caja de madera que contenía las vísceras de Rubén Darío y las sepultó en el Cementerio Guadalupe, en la misma tumba de los restos de doña Bernarda Sarmiento v. de Ramírez, la adorada Mama Bernarda de Rubén.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Segundo entierro: El cuerpo vacío de vísceras y sin cerebro, las venas y arterias inyectadas con formalina. Fue vestido de levita cruzada y guantes negros. Este cuerpo fue objeto de varios homenajes, procesiones, ritos religiosos y finalmente enterrado al pie de la Columna de San Pablo en la Catedral de León donde permanece recibiendo permanentes visitas reverentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tercer entierro: El cerebro de Rubén Darío fue colocado por el Dr. DeBayle en un vaso cilíndrico de vidrio&nbsp; Después de la disputa por la propiedad del cerebro, el presidente Díaz dictaminó que le correspondía a la viuda legal, Rosario Murillo. No se conoce el destino cierto del cerebro. Se dijo que Andrés Murillo había intentado vendérselo al diario La Nación de Buenos Aires, Argentina, pero que la propuesta fue rechazada con horror. Después de la muerte de Rosario Murillo nunca se supo el destino final del cerebro. Existe la posibilidad de que el cerebro fuese enterrado en el patio de la vivienda de la familia Murillo Rivas, ubicada en el barrio Candelaria de la Vieja Managua.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La única tumba que se conoce y se visita es la del cuerpo sin vísceras ni cerebro que está en la Catedral de León.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese fue el destino del cuerpo del gran genio nicaragüense, pero su inmenso legado continúa incólume, intacto y cada día acrecienta la veneración, el respeto y el estudio de la obra prodigiosa de Rubén Darío en todo el mundo hispanoamericano.</p>
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		<title>Rubén Darío y el arte de la caricatura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Nov 2024 20:28:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
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					<description><![CDATA[EL PRIMER centroamericano que valoró el arte de la caricatura fue Rubén Darío, específicamente los desarrollados en Estados Unidos, España y Francia. En su semblanza «Mark Twain» (La Nación, Buenos Aires, 18 de mayo, 1896) aludió a los caricaturistas «que pululan en los diarios joviales de la tierra feliz del Uncle Sam». Caricaturas estadounidenses En [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="208" height="184" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra02.jpg" alt="" class="wp-image-1171" style="width:125px;height:auto"/></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">EL PRIMER centroamericano que valoró el arte de la caricatura fue Rubén Darío, específicamente los desarrollados en Estados Unidos, España y Francia. En su semblanza «Mark Twain» (La Nación, Buenos Aires, 18 de mayo, 1896) aludió a los caricaturistas «que pululan en los diarios joviales de la tierra feliz del Uncle Sam».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Caricaturas estadounidenses</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese texto, evocando su primera visita a Nueva York en mayo de 1893, revela: «Vi los diarios de caricaturas: el Puck, el Judge. Figuras de hombres políticos, aumentadas y satirizadas a pesados rasgos, vestidas de un cómico monstruoso por aquello lápices pícaramente grotescos, y no exentos de cierta natural ingenuidad. Además, los inevitables irlandeses y negros, cuerpos diminutos sobre zapatos gigantescos, caras de enormes monos, bocazas de hipopótamo. Para dar una idea de una mirada viva, se sacan los ojos fuera de las órbitas. Un puñetazo atraviesa un hombre: el puño sale por la espalda. No falta tampoco la coleta del chino, y el indio nativo, con su cresta de plumas. Bajo cada caricatura, una leyenda que corresponde al asunto. La gracia de la leyenda se ajusta exactamente a la gracia del dibujo».</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="277" height="392" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/11/583-Noviembre-catedra-1.jpg" alt="" class="wp-image-58570" style="width:174px;height:auto" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/11/583-Noviembre-catedra-1.jpg 277w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/11/583-Noviembre-catedra-1-212x300.jpg 212w" sizes="(max-width: 277px) 100vw, 277px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Caricaturistas españoles: Ortego y otros tantos</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un segundo texto, aparecido también en La Nación (20 de julio de 1899), titulado «La cuestión de la revista. La caricatura» y que integraría un capítulo de su libro de España contemporánea (1901), refería: «La caricatura tiene por campo una o dos páginas de cada &#8216;almacén o revista ilustrada&#8217;. Casi siempre la política y la actualidad es lo que forma el argumento. Pero no existe hoy un caricaturista como el famoso [Francisco] Ortego [18331881], por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado también. Ortego, me decía justamente el Sr. [Luis] Contreras [18631953], director de la Revista Nueva [1899], ha sido el rey de la caricatura en España: ninguno de los otros puede compararse con él; él creó la semblanza de todos los políticos y monarcas, de todos los personajes de la revolución; él hizo a [Antonio de Orleans, duque de] Montpensier [18241890] imposible, con una caricatura». Y continúa Darío:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Si analizáramos la influencia que ha tenido Ortego en el porvenir de la nación, nos horrorizaríamos. Es este pueblo impresionable. Una nota se agiganta y se hace un libro, un chisme se transforma en historia y una calumnia en débâcle inmensa. Más daño que todos sus enemigos le hicieron a Montpensier las caricaturas de Ortego, ¿fundadas en qué? Pues que Montpensier tenía una huerta de naranjas. «El rey naranjero». Esto bastó para desacreditarlo. Como bastó para hundir a D. Carlos [María Isidro de Borbón (17881855)] pintarle un día rodeado de bailarinas y suripantas».</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="166" height="416" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/11/583-Noviembre-catedra-2.jpg" alt="" class="wp-image-58569" style="width:134px;height:auto" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/11/583-Noviembre-catedra-2.jpg 166w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/11/583-Noviembre-catedra-2-120x300.jpg 120w" sizes="(max-width: 166px) 100vw, 166px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">El cronista de La Nación añadía: «Ortego, además de su intención profunda, tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba maravillosamente. Solía también encontrar el personaje un rasgo fisionómico para su caricatura, y acertaba tanto en la elección, que no era posible ninguna variante. Su [Ramón María] Narváez [I duque de Valencia (1799 1868)], su Prim, su Sagasta, su Isabel II, son inolvidables. Asimismo, se dedicó mucho a la caricatura de costumbres, en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato descendiente de Gavarni [le llamaban «el Gavarni español»]. El pueblo de Madrid, con sus toreros, con sus curas, con sus manolas, sus majos, sus cursis, sus hambrientos, sus oficinas, sus teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos de Ortego, que son para el historiador un documento de grandísima importancia. Hace algunos años se reunieron los dibujos de Ortego en álbumes especiales, pero la publicación, con ser de tanto interés para todos, no se hizo popular. El público estaba distraído en otra cosa».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Darío manifestaba también su conocimiento de otros tantos caricaturistas españoles a finales del siglo XIX: «[Manuel] Luque [de Soria (18541924)], [Tomás] Padró [18401877], [Daniel] Perea [y Rojas (18341909)] y [Juan] Alaminos [López (1845¿?)] han hecho casi solamente, la caricatura política. Menos hábiles en el dibujo, buscaban la intención en las ideas; sus caricaturas tienen más bilis que lápiz; demuestran sus odios políticos más que su arte. Iban solo a hacer daño; más que revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruían con el ridículo, aumentándole a veces. Perea se dedicó luego a la especialidad de toros y sus dibujos de La Lidia han circulado por todo el mundo. [Eduardo] Sojo [18491908] ha sido también un político del lápiz; dibuja poco: todo el interés de su obra se basa en el pensamiento. [Ramón] Cilla [18591937] y [Eduardo Sáez Hermida] Mecachisis [18591898] explotan por algún tiempo la crítica de costumbres. Cilla inventa los personajes, mucho más que los toma de la realidad; ha creado varios tipos que repite constantemente. Así ha hecho Mars en París. Cilla es el dibujo en España algo como [José] López Silva [18611925, sainetista y colaborador del semanario satírico Madrid Cómico] en sus versos. Nada más alejado de la verdad, nada más falso que los chulos de López Silva, a quien llaman el heredero de D. Ramón de la Cruz [17311794]; y, sin embargo, se ha convenido en que los chulos de López Silva son los verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo hablar en chulo, la gente joven habla en López Silva. Lo mismo sucede con los dibujos de Cilla. Nadie es exactamente como lo que Cilla dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la realidad».</p>



<p class="wp-block-paragraph">De los ocho caricaturistas aludidos, Darío se inclina por uno en especial. «Más humano es Mechanis; y como más humano es también menos monótono; como observa y copia, varía más. Después de Ortego, Mechanis. Todos los demás, excelentes periodistas. Ángel Pons, que ahora está en México, empezó bien; pero también tiene más ideas que dibujo; Ángel Pons tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura extranjera, como [Pedro de] Rojas [18731947] su discípulo. Puede decirse que casi todos los actuales dibujantes, se proveen de inventiva y de rasgos felices en las revistas de otras naciones. Apeles Mestres [1851936] y [José Luis] Pellicer [18421901] saben dibujar y dibujan en firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables en los periódicos satíricos catalanes. Es un moralista, como casi todos los verdaderos caricaturistas. Es de recordar una caricatura publicada en La Estrella de Barcelona. Un coche fúnebre, con ocho caballos empenachados y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: con mes rich mas besties: como más ricos más animales. Pellicer conoce su arte y estudia las costumbres. Sus dibujos son documentos y sus ilustraciones de obras admirables estudios. Para las obras completas de [Mariano José de] Larra [18091837] ha dibujado tipos que Fígaro pudo concebirlos; a Larra le ha hecho como era».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Termina Rubén Darío su completo panorama de la caricatura española de la que fue testigo. «Este último [el retrato de Larra] ha quedado definitivo para el creador, con un valor de época, inmutable. Pellicer ha superado en este al mismo [Luis de] Madrazo [18251897], [Joaquín] Moya [Ángeles (18¿?1925)] y Sileno [seudónimo de Pedro Antonio Villahermosa Borao (18691945)], [Pedro de] Rojas [18731947] y [Francisco] Sancha [18781936], trabajan profusamente y tienen bastante demanda; Sileno ilustra principalmente el Gedeón y sobresale en la sátira política. Sancha se ha hecho un puesto especial; apoyado en el Fliegende Blätter [semanario alemán de humor y sátira aparecido entre 1845 y 1944], y deformando, hace cosas que se imponen. Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y convexos; es un dibujo de abogotamientos o elefantiasis; monicacos macrocéfalos e hidrópicas marionetas. [Ricardo] Marín [Llovet (18741955)] estudia mucho, y apoyado en [JeanLouis] Forain [18521931] hace exclusiones al bello país de Inglaterra. Es un erudito de lo moderno, un simpático artista, cuyo modelo principal debe ser una elegantísima y singular mujer, apasionada de D&#8217;Annunzio y fascinada por París [Tomás Júlio] Leal da Câmara [18761948], portugués, joven, de indiscutible talento dibuja en Madrid, un tanto desganado, con el pensamiento puesto en [GustaveHenri] Jossot [18661951] a quien conoce, y animado por el espíritu de [George] Cruikshank [1792 1878], a quien seguramente ignora”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Caricaturistas franceses</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un tercer texto, el prefacio al álbum de un caricaturista uruguayo-argentino, Darío demostró poseer otra no muy común información acerca de los caricaturistas franceses, preguntando: «He de recordar las reflexiones que sobre el arte de la caricatura me hacía hace algún tiempo. ¿De dónde viene, decía yo, la invasión de la deformidad y el desdén del dibujo que se instala en casi todas las publicaciones en que aparecen trabajos de caricaturistas en Francia? Tened seguro que [Paul] Gavarni [18011862] se estremecería de horror y [Honoré] Daumier [18081879] de ira, ante lo que hoy, generalmente, prima en tales o cuales diarios o revistas». Y prosigue:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Hay sus honrosas excepciones. el veterano Caran D&#8217;Ache [seudónimo de Emmanuel Poiré (18591909)] continúa con sus series manteniendo la típica gracia de sus monigotes. [Jules] Abel Faivre [18671945], que suele ser pintor de finezas y elegancias, en sus &#8216;cargas&#8217; y ocurrencias es incisivo, casi feroz. [Jean-Louis] Forain [18521931], en cuatro rayas de lápiz renovadas de [Edgar] Degas [1834 1917], con magistral precisión persiste en sus comentarios a las comedias y a las tragedias de la política en su &#8216;dulce país&#8217; [París]. [René Georges] HermannPaul [18641940] despierta la compasión por los desheredados y hace simpático al obrero, o demuestra un alma en la expresión de un rasgo fisonómico. [Charles Lucien] Léandre [18621934], con sus sabias exageraciones, se revela un maestro de filosofía jovial, y [Adolphe Léon] Willette [18571926] es un poeta, siendo desde luego, la encarnación de Pierrot [seudónimo, tema de los cuadros y título de un periódico de Willete]”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Darío continuaba enumerando: «[Henri Maigrot] Henriot [18571933] renueva sus inacabables gacetillas; [Albert] Robida [18481926] es excelente en elegancias; [Henry] Gerbault [18631930] en cosas galantes. Hay productores de sonrisas y arranques alegres que demuestran amor al dibujo, respeto a la tradición artística, cuidado de su obra, que en vano buscareis entre la caterva de muchos recién aparecidos, introductores del yanquismo, sin la ciencia de algunos dibujantes yanquis, de la anarquía en la ejecución, de las síntesis ilógicas, de las deformaciones downescas. Hay cuatro años, sin ser el Bob de Gyp [Condesa de Martel de Janville, (18501932) cuyo seudónimo era Gyp]».</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Hay profesores de fealdad ––transcribo de nuevo a Darío en &#8216;El primer álbum de Pelele&#8217;, prólogo de 1906–– capaces de encontrar los más ridículos defectos en las figuras más hermosas, tal el insultante Sem [seudónimo de Georges Goursat (18631934)], cuyos álbumes se hojearán más tarde como curiosas colecciones de aspectos de monstruos humanos, como muestra de la degradación fisonómica del masochismo [masoquismo] de sus contemporáneos. [Auguste Jean Baptiste] Roubille [18721955] ejerce también de comprachicos [personas que se dedicaban a deformar niños para exhibirlos] del lápiz. Y estos son los más gananciosos y los que más figuran. No nombraré a otros especialistas en odiosos fenómenos, en sapos antropomorfos, en mal construidos macacos, en payasos hirientes. Aplican malamente las crudezas antiartísticas, caras a los reidores de Chicago, en una capital de finezas y de tradiciones espirituales como París».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí he reproducido casi todo el prefacio que escribió Darío para al álbum de Pelele [seudónimo del uruguayo Pedro Ángel Zavala (18871952)] Les Sud-Américains en Europe (París, Imprimerie A. MunierAtelier Alfred Tolmer, 1906). Y solo el último párrafo ––diez líneas–– consagró al mismo Pelele, de quien esperaba «saber sonreír sin degradar. Sus agudezas encierran el lado cómico de los sujetos ––lado cómico que como el trágico es inseparable de nuestra condición de hombres–– sin que haya el fragante rebajamiento estético que señala a otros humoristas. Tiene dignidad y conciencia mentales, lo cual es la mayor alabanza». Y esperaba, en fin, que Pelele aspirase a ser «un joven filósofo que con sus ricos dones gráficos cultive una de las variadas formas de la divina Alegría».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, el caricaturista uruguayo fue uno de los pocos que caricaturó a Darío en vida: con sombrero, un bastón en la mano izquierda y un libro en la derecha; caricatura que se reprodujo en la revista bonaerense Caras y Caretas (núm. 440, 9 de marzo, 1907). Otro había sido el portugués Leal da Câmara, pintor hijo de hindú, exiliado de 1898 a 1900 en Madrid. Allí conoció a Darío y en 1902, en París, le hizo el retrato más deformante: un rostro en semiperfil y simplificado rasgo naturalista del aspecto físico del nicaragüense (ver la caricatura en la primera parte de esta Catedra Dariana, pag.10). Al filo de la caricatura, el retrato capta la identidad mestiza del poeta que luce reluciente sombrero de copa, cubriendo un cráneo de encrespado pelo castaño que cae sobre la frente hasta las líneas de las cejas. Carnosas orejas y una achatada gran nariz, la cara de Darío ––de prominente mandíbula con abultados mofletes–– la definen un bigote lacio y una espesa barba con tupido mentón a lo chivo. Se conserva en la casamuseo del artista de Rinchoa, Portugal (Jorge Eduardo Arellano: «Diez retratos de Rubén Darío en vida», Repertorio Dariano, 20112012. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2012, pp. 249251).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="600" height="239" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg" alt="" class="wp-image-1506" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg 600w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas-300x120.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>
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		<title>«El caso de la señorita Amelia»: pavorosa detención del tiempo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Oct 2024 20:03:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuentos fantásticos de Rubén Darío</strong></p>


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<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="476" height="475" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/10/582-octubre-catedra-1.jpg" alt="" class="wp-image-58509" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/10/582-octubre-catedra-1.jpg 476w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/10/582-octubre-catedra-1-300x300.jpg 300w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/10/582-octubre-catedra-1-150x150.jpg 150w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/10/582-octubre-catedra-1-75x75.jpg 75w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/10/582-octubre-catedra-1-350x350.jpg 350w" sizes="(max-width: 476px) 100vw, 476px" /></figure>
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<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="200" height="177" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2020/11/535_arellano01.jpg" alt="" class="wp-image-661" style="width:172px;height:auto"/></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Para mí, «El caso de la señorita Amelia» es el cuento fantástico más interesante de Darío y el segundo centrado en el tiempo. Ya no narra un hecho futuralizándolo, es decir: acaecido seis años después que lo ha redactado («Un sermón»). Tampoco cuenta su amistad con un amigo literato, preterizándola, o sea: fingiéndola como si hubiese ocurrido en la Italia del renacimiento.9 Ahora indaga en un fenómeno insólito: la detención del tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Narrador-testigo, Darío comienza hablando de un personaje durante una cena de Año Nuevo en casa de un amigo bonaerense. Minna —la hija del anfitrión— y cuatro convidados se hallan en el comedor rococó: el periodista Riquet, el abate Pureu, el narrador-testigo y el elocuente e ilustre Dr. Z., cuya obra La plástica de Ensueño había visto luz recientemente. El Dr. Z. (de calva, única, insigne, hermosa, lírica) existía: era «un des maîtres de l’occultisme contemporain», según el editor del libro de Eliphas Lévi: Les Mysteres de la Kabbale. Es el Dr. Z. quien cuenta el «caso» de Amelia Revall, pero antes de hacerlo vacila: teme que no se le crea y expresa su convicción de los límites de la ciencia: Nada se sabe. Ignoramus et ignorabimus. ¿Quién conoce a punto fijo la noción del tiempo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién sabe con seguridad lo que es el espacio? Va la ciencia a tanteo, caminando como una ciega, y juzga a veces que ha venido cuando logra advertir un vago reflejo de luz verdadera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fundador de la familia Revall había sido un excelente caballero francés, cónsul de su país; y su casa era vecina a la del Dr. Z., quien de joven visitaba a las tres señoritas Revall: Luz, Josefina y Amelia, de apenas doce años. Entre las dos hermanas mayores repartía sus miradas incendiarias, pero la menor era su preferida. Cuando llegaba a la casa, la primera en recibirlo era Amelia: ¿Y mis bombones? —le preguntaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Darío, como narradortestigo pone en boca de este otro sabio obeso: He ahí la pregunta sacramental. Yo me sentaba regocijado, después de mis correctos saludos, y colmaba las manos de la niña de ricos caramelos de rosa y de deliciosas grajeas de chocolate, los cuales, ella, a plena boca, saboreaba, con una sonora y húmeda música palatinal, lingual y dental. El por qué de mi apego a aquella muchachita de vestido a media pierna y de ojos lindos, no os lo podré explicar; pero es el caso que cuando por causa de mis estudios tuve que dejar Buenos Aires [&#8230;] en la frente de Amelia incrusté un beso, el más puro y el más encendido, el más casto y el más ardiente ¡qué sé yo! de todos los que he dado en mi vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin duda, la atracción hacia aquella chiquilla es muy superior a la que el Dr. Z. sentía por sus hermanas. Pero viaja al Oriente en busca de la verdad, lleno de juventud —frisaba en los treinta años— y de sonoras flamantes esterlinas de oro, sediento de las ciencias ocultas. Veintitrés años más tarde —tras intensos estudios y realizar otros viajes por Asia, África, Europa y América—, retorna a Buenos Aires. Ha vuelto gordo, bastante gordo, y calvo como una rodilla, aunque siempre soltero y</p>



<p class="wp-block-paragraph">dispuesto a indagar el paradero de la familia Revall. «¡Los Revall, me dijeron, las del caso de Amelia Revall!» Intrigado, el Dr. Z. da con la casa, donde todo tenía un vago tinte de tristeza. Luz y Josefina, aún eran solteras. En cuanto a Amelia, no se atrevió a preguntar nada. Quizás mi pregunta llegaría desoladamente. El cuento concluye: En esto vi llegar saltando a una niñita cuyo cuerpo y rostro eran iguales en todo a los de mi pobre Amelia. Se dirigió a mí y con su misma voz exclamó: —¿Y mis bombones? Yo no hallé qué decir [&#8230;] Mascullando una despedida y haciendo una zurda genuflexión, salí a la calle, como perseguido por algún soplo extraño. Luego, lo he sabido todo. La niña que yo creía fruto de un amor culpable, es Amelia, la misma que yo dejé hace veintitrés años, la cual se ha quedado en la infancia, ha contenido su carrera vital. Se he detenido para ella el reloj del Tiempo, en una hora señalada ¡quién sabe con qué designio del desconocido Dios!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Dr. Z. era en este momento todo calva&#8230; Todo calva «significa que en este momento su calva era más que nunca la característica más sobresaliente de su fisonomía y de su personalidad» —anota Günther Schmigalle, quien se inclina a pensar que el cambio de la versión original (todo calva) a todo calvo (presente en las posteriores reproducciones) no fue introducido por Darío, sino que obedeció a un error tipográfico.10 Por lo demás, ya se han identificado las fuentes reveladoras de la pasmosa erudición dariana de este cuento: principalmente libros teosóficos franceses de la época. Entre ellos, La science occulte: magie pratique, révélation des mysteres de la vie et de la mort (París, E. Kohl, 1890).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero continúa siendo válida la afirmación de Lida: que «El caso de la señorita Amelia», anterior a los cuentos de Las fuerzas extrañas de Lugones, desembocan Edgar Allan Poe, el «Les bras nus de la servante» —con sus divagaciones sobre «l’extrahumain» y «l’hyperphyque» y toda la literatura fantástica de ese siglo [el XIX]: el de Nerval y Louis Bertrand, el de Hoffman y Permus Borel. Para el maestro argentino, «El caso&#8230;» es: «una nueva y espeluznante versión de ‘La ninfa’; el obeso monsieur se llama ahora el doctor Z., amigo epistolar de madame Blavatzky, y su figura, más ridícula que misteriosa, contrasta violentamente con el núcleo del relato, donde lo sobrenatural anda en relación, no con las amables bromas de ninguna ninfa parisiense, sino con lo trágico, incomprensible y desgarrador».11</p>



<p class="wp-block-paragraph">9 Véase su prólogo a Pequeña obra lírica, de Rufino Blanco Fombona, incluido en Tierras solares (1904). Consúltese la edición de Noel Rivas Bravo (Sevilla, Editorial Don Quijote, 1991, pp. 176179).</p>



<p class="wp-block-paragraph">10 Véase a Günther Schmigalle: «Problemas textuales en la edición de los cuentos de Rubén Darío: El caso de la señorita Amelia». Anales de Literatura Hispanoamericana, núm. 43, 2014, pp. 190207 y Repertorio dariano 20152016. Bianuario sobre Rubén Darío y el modernismo hispánico. Compilador: Jorge Eduardo Arellano. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2016, pp. 4156.</p>



<p class="wp-block-paragraph">11 «Estudio preliminar», en RD: Cuentos completos. Edición y notas de Ernesto Mejía Sánchez [&#8230;] México, Fondo de Cultura Económica, 1950, pp. LXILXII.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="600" height="239" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg" alt="" class="wp-image-1506" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg 600w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas-300x120.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>
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		<title>«Huitzilopoxtli»: respuesta ancestral a la intromisión yanqui</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Sep 2024 02:11:12 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Cuentos fantásticos de Rubén Darío Penúltimo cuento publicado por Darío, «Huitzilopoxtli» apareció en La Nación, de Buenos Aires, el 5 de junio de 1914, y se reprodujo con el subtítulo de «Leyenda mexicana» —presumiblemente con la autorización del autor— en el Diario de Centro América, Guatemala, el 10 de mayo de 1915. Su escenario es [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="806" height="150" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra01.jpg" alt="" class="wp-image-1170" style="width:591px;height:auto" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra01.jpg 806w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra01-300x56.jpg 300w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra01-768x143.jpg 768w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra01-750x140.jpg 750w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuentos fantásticos de Rubén Darío</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full"><img decoding="async" width="200" height="177" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2020/11/535_arellano01.jpg" alt="" class="wp-image-661"/></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Penúltimo cuento publicado por Darío, «Huitzilopoxtli» apareció en La Nación, de Buenos Aires, el 5 de junio de 1914, y se reprodujo con el subtítulo de «Leyenda mexicana» —presumiblemente con la autorización del autor— en el Diario de Centro América, Guatemala, el 10 de mayo de 1915.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su escenario es el norte del territorio mexicano durante la revolución. Por tanto, se le considera uno de los cuentos pioneros de esa temática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El narrador-protagonista viaja desde una ciudad fronteriza de los Estados Unidos al territorio controlado por Venustiano Carranza y Pancho Villa (el guerrillero y caudillo militar formidable) para informarse de un amigo, teniente de las milicias revolucionarias. Lo acompañan un médico estadounidense&nbsp; — y además periodista al servicio de diarios yanquis— más un cura y, al mismo tiempo, coronel. El nombre del primero es Mr. John Perhaps y el apellido del segundo, de origen vasco, Reguera (uno de los hombres más raros y terribles que haya conocido en mi vida).</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="381" height="425" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/09/581-septiembre-catedra-1.jpg" alt="" class="wp-image-58390" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/09/581-septiembre-catedra-1.jpg 381w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/09/581-septiembre-catedra-1-269x300.jpg 269w" sizes="(max-width: 381px) 100vw, 381px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">En efecto, Reguera había llegado de joven a México, donde se hizo partidario del emperador Maximiliano y más tarde de Porfirio Díaz; cree en la vigencia de las primitivas deidades aztecas, bebe comiteco —licor elaborado del maguey— y fuma mariguana que ofrece al narrador-protagonista. Durante la travesía, Perhaps se interna hacia el fondo de la selva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al acampar obligadamente en un sitio ocupado por las fuerzas revolucionarias, y mientras el cura duerme, el narrador protagonista presencia despavorido, en el silencio de la noche y en medio de una claridad dorada, un sacrificio ritual en honor a Teoyaniqui (la diosa mexicana de la muerte). ¡Perhaps era la víctima! Al día siguiente, pregunta por el padre Reguera, pero le dicen que se hallaba ocupado fusilando enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cuento termina con esta frase, en la que Darío logra la unidad de efecto que preconizaba Poe: Vino a mi cerebro, como escrito en letras de sangre: Huitzilopoxtli. 41 En realidad, el feroz dios azteca de la guerra, a quien se le sacrificaban esclavos y prisioneros, era conocido por Darío; no en vano figura en su «Ode a la France» —escrita el mismo año de 1914 a raíz del inicio de la primera guerra mundial— e integrado al Canto a la Argentina y otros poemas (1914) con el título de «FranceAmérique»:</p>



<p class="wp-block-paragraph">.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La-bas, dans l’épouvante et l’ínjurie et la haine,</p>



<p class="wp-block-paragraph">ler chasseurs de la mort ont sonné l’hallali,</p>



<p class="wp-block-paragraph">et, de noveau souflant sa vanimeuse haleine,</p>



<p class="wp-block-paragraph">on croirat voir la bonche d’Huitzilopoxtli.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[Allá, en el horror y la injuria y el odio,</p>



<p class="wp-block-paragraph">los cazadores de la muerte han tocado el halalí,</p>



<p class="wp-block-paragraph">y soplando otra vez su venenoso aliento,</p>



<p class="wp-block-paragraph">se creía ser la boca de Hutzilopoxtlí].42</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, recordaba a Huitzilopoxtli en un poema de Giosuè Carducci (1835-1907) reencarnado en los soldados que fusilaron a Maximiliano para vengarse de su lejana derrota ante los súbditos de Carlos V. Seguramente, este recuerdo inspiró a Darío su cuento, una de las piezas más admirables y contemporáneas de su quehacer narrativo. El poema de Carducci se titula «Miramar» y pertenece a su obra Odi Barbare.</p>



<p class="wp-block-paragraph">43 Según una máxima autoridad mexicana, Carducci cuenta en dicho poema «que los dioses indios esperan a Maximiliano para destruirlo y uno de ellos, probablemente Huitzilopoxtli, dice este verso: Io te volvera, fiore d’Asburg&#8230;».44</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a ello, se le han consagrado escasos análisis. En el suyo, Carmen Mora Valcárcel se pregunta: «¿no se vislumbra en él una muestra de ese fenómeno tan vinculado a la evolución literaria hispanoamericana que se conoce por realismo mágico?»,45 y lo denomina, con razón «relato fantástico de ambiente realista».46&nbsp; Ella observa que la secuencia única de gradación ascendente que es el cuento se divide en dos subsecuencias: la primera, correspondiente a la travesía, acumula elementos dispersos e inconexos, para asociarse luego en la segunda, que culmina en la escena del sacrificio. Esta acumulación e integración definitorios de su proceso estructurador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo fantástico radica al contraponer Darío lo real y lo irreal. Mejor dicho: en el juego con la ambigüedad que otorga el desenlace, plantea dos alternativas: alucinación (engendrada por la mariguana) y visión real. Por lo demás, la atmósfera del relato se traza desde el principio: El misterio azteca, o maya, vive en todo mexicano por mucha mezcla que halla en su sangre, y esto es poco —sostiene Reguera en uno de los diálogos que dinamizan la acción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mismo Reguera —ejemplo del oportunismo de quien toma partido por el gobernante en cada momento histórico— es el personaje más caracterizado. Darío le aplica trazos psicológicos contradictorios: como sacerdote sirve a Dios, comparte su fe con la creencia en los antiguos dioses (el alma y las formas de los antiguos ídolos nos vencen) y es capaz de fusilar como coronel revolucionario. En este sentido —señala Mora Valcárcel—, Reguera es una proyección del culto a Huitzilopoxtli que, a través de la guerra florida, participa simultáneamente del sacrificio humano y del espíritu religioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y el yanqui Perhaps? No hace nada para merecer la muerte, excepto representar a su país. Por eso «Huitzilopoxtli» trasluce, significativamente, este trasfondo político: la intromisión en nuestra América de la potencia del Norte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trasfondo era común al denunciado por Darío en «D.Q.», cuento ocurrido en otro escenario bélico que tiene, entre sus personajes, a otro cura: un capellán anónimo y no tan determinante en la trama. Pero el meollo de «Huitzilopoxtli», — como lo sugiere su título— es la presencia esencial de lo mitológico. Darío lo expresa desde el inicio en boca de Reguera: Aquí en México, sobre todo, se vive en un suelo que está repleto de misterio. Todos los indios que hay no respiran otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el destino de la nación mexicana está todavía en poder de las primitivas divinidades de los aztecas. Esto lo hace —de acuerdo con Mora Valcárcel— un buen antecedente de cuentos posteriores como «Chac Mool» de Carlos Fuentes o «La fiesta brava» de José Emilio Pacheco, para nombrar a dos autores mexicanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En relación a la pregunta de Mora Valverde, precedida por otra de Mejía Sánchez —si «Huitzilopoxtli» era un «antecedente del realismo mágico de hoy»—, Julio Valle-Castillo anota que en 1969, Ruth S. Lamb la contestó: «Amén de afirmar que ‘Rubén Darío se anticipa a los escritores de la Revolución Mexicana, aseguraba que ‘al menos se muestra precursor de este realismo mágico de Miguel Ángel Asturias y de Alejo Carpentier, donde lo exótico se convierte en primitivismo auténtico».47</p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, «Huitzilopoxtli» fue incluido en una antología mundial de cuentos breves al lado de piezas escritas por los rusos Alexander Afanasiev (1826-1871), Antón Chejov (1860-1904) y Leonid Andréiev (1871-1919); y por los estadounidenses Edgar Allan Poe (1809-1849), Mark Twain (1835-1910) y O’Henry (1862-1910), más el checo Franz Kafka (1883-1924), entre otros grandes narradores.48 Y se ha traducido al alemán por Ulrich Kunzmann, en 1983; al inglés por Andrew Hurley, en 2005; al danés por Gorm Rasmu-ssen, en 2014; y al portugués por Marcelo Maneo, en 2015.</p>


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<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="600" height="239" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg" alt="" class="wp-image-1506" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg 600w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas-300x120.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>
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		<title>Rubén Darío y su credo político </title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Aug 2024 00:23:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
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					<description><![CDATA[EN CONMEMORACIÓN de su 50 aniversario, el Banco Central de Nicaragua editó el volumen Escritos políticos de Rubén Darío (Managua, 2010, 446 p.): una colección de 47 textos, en su mayoría dispersos, que ilustran su pensamiento político, aspecto básico del bardo, distribuidos en cinco secciones: Nicaragua, Centroamérica, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. El volumen Crónica [&#8230;]]]></description>
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<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="208" height="184" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra02.jpg" alt="" class="wp-image-1171" style="width:166px;height:auto"/></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">EN CONMEMORACIÓN de su 50 aniversario, el Banco Central de Nicaragua editó el volumen Escritos políticos de Rubén Darío (Managua, 2010, 446 p.): una colección de 47 textos, en su mayoría dispersos, que ilustran su pensamiento político, aspecto básico del bardo, distribuidos en cinco secciones: Nicaragua, Centroamérica, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El volumen Crónica política (1918)</p>



<p class="wp-block-paragraph">A raíz de su fallecimiento, en la primera tentativa de sus obras completas, uno de los editores, el argentino Alberto Ghiraldo (18751946), logró deslindar en un pequeño volumen, titulado Crónica política, dicho aspecto. Su propósito era presentar «una faz del talento múltiple de Darío, completamente desconocida para los lectores de España y la mayor parte de América», no sin puntualizar el espíritu combativo de su juventud inspirado en Víctor Hugo (18021885), de quien asimiló ideas y sentimientos de índole social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ghiraldo señalaba algunas piezas concretas, por ejemplo el panfleto denunciatorio «Historia negra» (1890), característico «de un momento especialísimo que atravesaron algunas democracias semibárbaras de nuestra América». Además, destacó el liberalismo de su autor, su amor a la independencia y a la libertad, su campaña en pro de la unión centroamericana y en contra «de soldadotes brutales y sanguinarios, conculcadores de derechos ciudadanos, atropelladores de honras cívicas y forajidos legales de todo linaje». En fin, su labor como prosista de combate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal selección, por tanto, constituye el más remoto antecedente de la revaloración del intelectual progresista que fue</p>



<p class="wp-block-paragraph">en su época (18671916) el máximo héroe civil de Nicaragua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En efecto, consta de treinta y un piezas ordenadas temáticamente en nueve rubros (Unidad centroamericana, Historia negra, La opinión europea, Biografía, Política internacional, Literatura política, Ecos de Chile, Temas de escándalo y Varia).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvieron que transcurrir sesenta años para que se retomara a Darío como intelectual progresista. Esta auténtica dimensión suya fue prácticamente sepultada en el olvido no sólo por el subdesarrollo cultural del país, sino por la imagen del inspirado bohemio improvisador y alcoholizado creada por la mitología popular y el proceso de icononización asumida por los gobiernos liberoconservadores desde su muerte hasta 1979. No sin prescindir del reduccionismo torremarfilista que cierta crítica académica, a nivel de lengua española, aplicó a su obra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Textos sociopolíticos (1980) y otras dos antologías</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conscientes de esa realidad, Francisco Valle, director de la Biblioteca Nacional, y el suscrito, como director del Archivo General de la Nación, editamos en Managua (enero de 1980) un libro similar, Textos sociopolíticos, en conmemoración del 113 aniversario del natalicio del errante cantor de Metapa. Quince trabajos se compilan en ese volumen, reeditado cuatro años más tarde por la embajada de Nicaragua en República Dominicana. «Con estos textos —escribía Valle— nos adentramos en el conocimiento de un Darío, hasta ahora soslayado, que criticó todas las injusticias de su tiempo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, Julio ValleCastillo agregó nueve piezas en una nueva edición con el título modificado: Prosas políticas. Así conformaron «un conjunto de veinticuatro artículos, ensayos y páginas de ficción, revelador del interés, de la preocupación política y de la información de primera mano que sobre el acontecer mundial poseía nuestro poeta, al igual que la dignidad y el patriotismo que supo tener ante algunas coyunturas, sobre todo cuando se trató de Nicaragua y de la intervención norteamericana» —anotó en el prólogo Valle Castillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Simultáneamente, el suscrito había estructurado un manual con sesenta y tres fragmentos de Darío: Tantos vigores dispersos. Desde luego, el volumen —cuyo título procedía de un verso de la famosa «Salutación del optimista»— perfilaba «un Darío sensible a la injusticia, capaz de advertir y denunciar la explotación y los vicios sociales. Un hombre de ideas, atento a los problemas de la sociedad industrial de Europa, abierto a los precursores del pensamiento social moderno, indignado por los atropellos imperialistas».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un muro de contención frente al Imperio del Norte</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comentando la primera edición de Textos sociopolíticos, el suscrito también señalaba que Darío se hizo eco de la resonancia del movimiento anarcocolectivista en Europa y registró la ira contra el capitalista en Francia, la buena nueva del socialismo en Alemania y la inminente revolución rusa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, criticó la época victoriana de Inglaterra, país de rapiña según Darío, quien señaló: «el imperialismo pide sangre y oro». En Roma le repugnaba la venta de cirios y medallas («un cambalache sagrado» llamó a ese comercio), en Berlín sentía la influencia del cuartel y en Madrid se compadecía de sus innumerables mendigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese ensayo, igualmente, indicaba que Darío, desde sus años formativos, se refirió a la intrusión del expansionismo filibustero en Nicaragua de 1855 a 1857 al reseñar la traducción del libro de William Walker (18241860), emprendida por el escritor italonicaragüense Fabio Carnevalini (18291896). En ella, el joven de diecisiete años comentó: «La publicación de que tratamos, al ser leída, difundirá mucha luz en todos los que ansían conocer aquel período de nuestra historia patria, en que Walker y sus prosélitos amenazaron de un modo violento destruir o transformar nuestro modo de ser en la escala de las naciones».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco después, en otra publicación periódica —esta vez chilena— deslindó en el continente dos Américas, a las que atribuía filiaciones étnicas: la suya correspondía a la raza latina; la otra a la anglosajona. Lo hizo en una crónica sobre deportes en que aludía al célebre empresario estadounidense Taylor Barnum (18101891) —»ese rey de los espectáculos que tiene su trono en Londres y Nueva York»—, concluyendo: «¡Dios santo! Vamos quedando con nuestro modo de ser amenazados por la raza férrea anglosajona, al menos en América, raza que ha hecho de sus puños martillos, que habla una lengua bárbara también, ruda, erizada y casi eléctrica».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro modo de ser: he aquí, de nuevo, la frase identitaria que desde entonces Darío ligaba a la latinidad en otra denominación de esos años: «América Latina». Realmente, si no su creación, el concepto lo difundió en Francia Michael Chevalier en sus Lettres sur l’Amerique du Nord (París, 1836).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el escritor centroamericano llegaría a ser uno de los constructores de esa identidad latina, es decir, del nosotros latinoamericano. Tanto que en uno de sus ensayos medulares planteó que el ABC sudamericano (Argentina, Brasil, Chile) debían conformar, en el futuro, un muro de contención frente a la expansión del imperio del Norte, especificando que «si esos tres países sudamericanos abandonasen sus rivalidades y querellas políticas y se consagrasen en cultivar las riquezas maravillosas de su suelo, se podría ver, en un cuarto de siglo, o en siglo y medio, constituirse esa región en naciones potentes, capaces de contrapesar a la América anglosajona, y de hacer en lo adelante en vano el empeño de hegemonía panamericana acariciado por los Estados Unidos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ariel versus Calibán</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en sus crónicas, más que en sus creaciones, donde Darío volcó su ideario político y preocupación por el destino de América Latina, excepto en dos poemas famosos: la oda «A Roosevelt» (1904) y «Salutación al Águila» (1906). No en vano prosiguen la tradición de formas discursivas —remontadas a Bolívar y demás próceres independentistas y civilizadores— que implican un sujeto capaz de asumir su propia subjetividad, o mejor: su realidad social no ajena a las exigencias de un cambio histórico. Y este cambio lo ligó, como nicaragüense, al proyecto y ejecución del gobierno liberal de J. Santos Zelaya (18931909) que, sustentado en la caficultura —con la cual Nicaragua había ingresado al comercio mundial—, se expresaba en una ideología progresista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, como latinoamericano, postuló desde 1893 una dicotomía simbólica, primero cultural y luego política, de Calibán (los Estados Unidos) y Ariel (la América Latina).</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ese binomio dicotómico ya se ha escrito mucho en varios estudios. Sin embargo, es oportuno recordar que Darío utilizó los símbolos de CalibánAriel en 1893, en su ensayo sobre Edgard Allan Poe («un Ariel entre calibanes»), nueve años antes de su más acabada caracterización por José Enrique Rodó en su libro Ariel (1900). Pero fue en 1898, cuando interpretó el sentimiento de toda Latinoamérica en «El triunfo de Calibán», caracterizando a Estados Unidos como «imperio de la materia»; «país de vida práctica y material, país del cálculo», cuyo ideal está circunscrito «a la bolsa y a la fábrica», al «culto del dólar»; país que busca «no solamente influencia, sino también dominación», lo que en la práctica ha demostrado: «¡Soberbios cultivadores de la fuerza!», empeñados en «rehacer el mundo, a su imagen y semejanza», «aborrecedores de la sangre latina» y «enemigos de toda idealidad». Por el contrario, para él América Latina encarnaba la idealidad, y con ella, el anhelo de perfectibilidad humana y de orden de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero nada mejor que el testimonio del propio Darío —su contestación a una encuesta sobre el porvenir de los países de nuestra América que le enviaron en 1902— para tener una idea clara de su credo hispanoamericanista, o más concretamente, latinoamericano. Porque —sostenía— «Panamericanismo es una palabra inventada por los norteamericanos para inundar con sus productos los mercados del nuevo continente», mientras él proponía «un hispanoamericanismo: la unión comercial, el arbitraje y la solidaridad moral de las repúblicas de lengua española». Y agregaba: «La doctrina de [James] Monroe ha inflado la vanidad y aumentado la insolencia de ciertos gobiernos en sus relaciones con las potencias europeas. A la doctrina de Monroe América para los americanos, ha contestado un representante argentino [Roque Sáenz Peña] en el Congreso Panamericano de Washington, con esta otra divisa: América para la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mismo año de 1902, Darío resumió un artículo interesante que el economista francés Achille Viallate había publicado en la Revue de Paris, y que trataba «de las relaciones de la norteamericana con sus hermanas menores del Sur, y de las varias tentativas hechas para extender su influencia yanqui por todo el continente». El latinoamericano registró ese análisis de las relaciones internacionales, desde Henry Clay hasta Teodoro Roosevelt, subrayando el carácter errático y oportunista de las intervenciones estadounidenses en la América española, los esfuerzos por parte de los Estados Unidos por mantener los Estados latinoamericanos divididos y pequeños y las dificultades que los políticos norteamericanos encontraron en sus anhelos de dominación, disfrazados bajo la demagogia panamericanista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Sol del Sur y no las Estrellas del Norte</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal fue el credo político de Darío, quien dejaría este mundo a sus 49 años, desilusionado al constatar el resquebrajamiento del Estado nacional de su pequeña patria —a la que había representado como cónsul en París y ministro residente en España, y enviado especial en la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro en 1906— por la dominación extranjera, dejando testimonio de esa dominación entre 1910 y 1912. Los textos son numerosos, pero me limito a citar una carta a Manuel Ugarte (18751951), escritor argentino que propugnó toda su vida por la unidad latinoamericana. Esta pieza epistolar data de septiembre, 1910, a un mes de la derrota —en gran parte debida a la intervención estadounidense— del proyecto liberal de la nación que defendía en su patria natal. Así manifestó: Dado que Nicaragua será una dependencia norteamericana, yo no tengo la voluntad de ser yankee, y como la República Argentina ha sido para mí la Patria intelectual, y como, cuando publiqué mi Canto a la Argentina, la prensa de ese amado país pidió para mi la ciudadanía argentina, quiero, puedo y debo ser argentino. Y proseguía Darío, frustrado pero decidido: Usted sabe lo que yo he amado al Río de La Plata y yo sé que allí todo el mundo aprobaría mi preferencia por el Sol del Sur a las Estrellas del Norte. O sea, el sol de la bandera argentina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En síntesis, Darío tuvo varias patrias: Nicaragua («mi patria original»), Chile («segunda patria mía»), Argentina («mi patria espiritual»), España («la Patria madre»), Francia («la Patria Universal») y, en función de su ideario artístico, «nuestra patria la Belleza». Mas la columna vertebral de su credo político fue la latinidad. Tal es la imagen vinculada al mundo real que le tocó vivir e interpretar entre 1887 y 1914, lapso en que se ubica la publicación de las piezas aquí seleccionadas y anotadas rigurosamente en la obra Escritos políticos editada en 2010 por el Banco Central de Nicaragua.</p>
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		<title>«D.Q.: la gloriosa muerte de don Quijote en Cuba</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jul 2024 01:39:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuentos fantásticos de Rubén Darío La muerte del caballeroso espíritu español es el tema de este cuento; y su motivo: la guerra, ya abordada por Darío en tres cuentos: «La matuscka» (febrero, 1889), «El Dios bueno» (agosto, 1890) y «Betún y sangre» (octubre, 1890). Pero en el Almanaque Peuser para el año de 1899 fue [&#8230;]]]></description>
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<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="300" height="492" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/07/579-Julio-catedra-1.jpg" alt="" class="wp-image-58259" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/07/579-Julio-catedra-1.jpg 300w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/07/579-Julio-catedra-1-183x300.jpg 183w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Cuentos fantásticos de Rubén Darío</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full"><img decoding="async" width="208" height="184" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra02.jpg" alt="" class="wp-image-1171"/></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">La muerte del caballeroso espíritu español es el tema de este cuento; y su motivo: la guerra, ya abordada por Darío en tres cuentos: «La matuscka» (febrero, 1889), «El Dios bueno» (agosto, 1890) y «Betún y sangre» (octubre, 1890). Pero en el Almanaque Peuser para el año de 1899 fue difundido un cuarto: «D.Q.», seguramente escrito a finales del año anterior. Descubierto por Ernesto Mejía Sánchez en una tardía reproducción de la revista Fray Mocho (Buenos Aires, 13 de enero, 1920), lo dio a conocer en 1966, informando que Enrique Anderson Imbert (Revista Iberoamericana, julio-diciembre, 1967) identificó su publicación inicial en el referido Almanaque Peuser veinte años antes y que se había reproducido en la revista madrileña Don Quijote el 24 de febrero de 1899.35</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mejía Sánchez ignoraba que ya lo había publicado un periódico español de provincia, El Correo de Gerona, el 17 de enero del mismo año.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la ampliación de su estudio sobre los cuentos darianos, Raimundo Lida anota que el enigma planteado en este cuento a partir de su título dos letras mayúsculas se va aclarando de manera alegórica, racional, verbal; y transcribe la referencia de Mejía Sánchez cuando observa con razón que «una frase [dariana] de España contemporánea (escrita el 2 de febrero de 1899) entronca nítidamente con la idea central de nuestro cuento».36 Darío exalta el caballeresco espíritu de los españoles y, combinando en su alabanza la figura de Cyrano [de Bergerat], la de don Quijote y la de Cervantes, dice de este: «&#8230;ni quien se quedó manco en Lepanto habría quedado sin perecer glorioso en Cavite [Filipinas] o en Santiago de Cuba». 37</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca de esta ciudad junto al mar Caribe, durante la guerra del 98 entre Estados Unidos y España, se ubica la acción relatada en primera persona por un narrador-testigo. Este pertenece a una guarnición que aguarda la llegada de una compañía de la nueva fuerza venida de España. Los soldados deseaban abandonar aquel paraje en el que nos moríamos de hambre, sin luchar, llenos de desesperación y de ira. Entre ellos, uno presenta características singulares. Todos éramos jóvenes y bizarros, menos uno. Todos nos buscaban para comunicar con nosotros o para conversar, menos uno [&#8230;] A la hora del rancho, todos nos pusimos a devorar nuestra escasa pitanza, menos uno.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tendría como cincuenta años, más también podría haber tenido trescientos. Su mirada triste parecía penetrar hasta lo hondo de nuestras almas y decirnos cosas de siglos. La descripción del portador de la santa bandera roja y amarilla continuaba: Se desvive por socorrer a los enfermos [&#8230;] He hablado con él les dijo el capellán [&#8230;] Es un hombre milagroso y extraño. Parece bravo y nobilísimo de corazón. Las pocas veces que habla es de sueños irrealizables. Cree que dentro de poco estaremos en Washington y que se izará nuestra bandera en el Capitolio [&#8230;] Le han apenado las últimas desgracias; pero confía en algo desconocido que nos ha de amparar; confía en Santiago; en la nobleza de nuestra raza, en la justicia de nuestra causa. Dicen que es algo poeta. Por la noche rimaba redondillas que las recitaba en voz baja. Pero se ríen de él. Dicen que debajo del uniforme usa una coraza vieja. Y nadie sabía su nombre. Solo en su mochila tenía marcadas una D y una Q.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De pronto un oficial, a todo galope, aparece por un recodo habla con el jefe de la guarnición y corre la noticia. Estábamos perdidos, perdidos sin remedio [&#8230;] Debíamos entregarnos como prisioneros, como vencidos. Cervera [el general español derrotado] estaba en poder del yanqui. La escuadra se la había tragado el mar, la habían despedazado los cañones de NorteAmérica. No quedaba ya nada de España en el mundo que ella descubriera. Debíamos dar al enemigo vencedor las armas, y todo; y el enemigo apareció en la forma de un gran diablo rubio, de cabellos lacios, barba de chivo, oficial de los Estados Unidos, seguido de un escolta de cazadores de ojos azules.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había que rendir las armas. Unos soldados lloraban de indignación y vergüenza; otros palidecían. Más en el momento de la entrega de la bandera se vio una cosa que puso en todos el espanto glorioso de una verdadera maravilla: el abanderado, con la mirada de la más amarga despedida, sin que nadie se atreviese a tocarlo, fuese paso a paso al abismo y se arrojó a él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía de lo negro del precipicio devolvieron las rocas un ruido metálico, como el de una armadura. Entonces todos descubren que aquel hombre extraño era nada menos que don Quijote. El capellán y el narrador-testigo se encargan de aclarar el enigma. En «D.Q.» opina Anderson Imbert «Darío eleva el elemento esotérico de la preexistencia a otra categoría: la de la locura heroica y, aliviado de su miedo a la muerte, acierta con uno de sus mejores cuentos».38</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta ficción, el nicaragüense explicita su actitud política y cultural ante el llamado Desastre del 98, cuando la emergente potencia imperial del Norte derrotó a la decadente madre patria de Hispanoamérica, cercenándole sus antiguas colonias de Puerto Rico y Filipinas e independizando Cuba bajo su control. Para Darío, los valores representados por Don Quijote Ideal, Nobleza, Hidalguía habían perecido. No en vano el mismo Darío, en su definitorio artículo «El triunfo de Calibán», había elogiado con vehemencia el discurso del presidente argentino Roque Sáenz Peña (18511914) «en defensa de la más noble de las naciones, caída al bote de esos yangüeses; en defensa del desarmado caballero que acepta el duelo con el Goliat dinamitero y mecánico».39</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para concluir, «D.Q.» remite a una fuente francesa: no en su desarrollo original de Darío, sino en el protagonista como portador de la bandera de España en una acción bélica. Me refiero a uno de los cuentos patrióticos, «El abanderado», de León Daudet. Traducido al español por Enrique Gómez Carrillo, el nicaragüense lo había leído en una selección de cuentos galos.40 En ambas piezas «El abanderado» y «D.Q.» sus protagonistas (el viejo Hormus y Don Quijote) rinden culto sagrado a sus respectivas banderas y fallecen al final sosteniéndolas con fervor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">35 «‘D.Q.’: un cuento desconocido de Rubén Darío / Presentación de Ernesto Mejía Sánchez». La Prensa Literaria, 21 de agosto de 1966.</p>



<p class="wp-block-paragraph">36 Raimundo Lida: «Los cuentos de Rubén Darío», en Diez estudios sobre Rubén Darío. Santiago de Chile, Zig Zag, 1967, p. 207.</p>



<p class="wp-block-paragraph">37 Rubén Darío: España contemporánea. París, Garnier Hermanos Editores, 1901, p. 59.</p>



<p class="wp-block-paragraph">38 Enrique Anderson Imbert: «Los cuentos fantásticos», en La originalidad de Rubén Darío (1967), op. cit., p. 239.</p>



<p class="wp-block-paragraph">39 Rubén Darío: «El triunfo de Calibán». El Tiempo (Buenos Aires, 20 de mayo, 1898), rescatado por E. K. Mapes en Escritos dispersos de Rubén Darío [&#8230;] Tomo I. La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 1968, p. 161.</p>



<p class="wp-block-paragraph">40 Cuentos escogidos de los mejores AUTORES FRANCESES contemporáneos. París, Garnier Hermanos, 1893, pp. 3543.</p>



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<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="600" height="239" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg" alt="" class="wp-image-1506" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas.jpg 600w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/03/marzo-2024-yambo-muletas-300x120.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>
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		<title>«Cuento de Nochebuena»: milagro desafiante del tiempo y el espacio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[len2020]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Jun 2024 23:46:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catedra Dariana]]></category>
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					<description><![CDATA[A ENRIQUE Anderson Imbert, cultivador y teórico del género, se le debe la primera aproximación al cuento fantástico de Darío: una conferencia leída en Managua durante el centenario natal del gran poeta]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Cuentos fantásticos de Rubén Darío <br>¿En qué reside el encanto de los cuentos <br>fantásticos? [&#8230;] Reside en el hecho de <br>que siendo fantásticos, son símbolos de <br>nosotros, de nuestra vida, del universo, <br>de lo inestable y misterioso de nuestra <br>vida y sobre todo eso nos lleva de la <br>literatura a la filosofía. <br>Jorge Luis Borges <br>(La literatura fantástica. Buenos Aires, <br>Olivetti, 1967, p. 19).</p>


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<figure class="alignleft size-full"><img decoding="async" width="208" height="184" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2023/06/566-catedra02.jpg" alt="" class="wp-image-1171"/></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">A ENRIQUE Anderson Imbert, cultivador y teórico del género, se le debe la primera aproximación al cuento fantástico de Darío: una conferencia leída en Managua durante el centenario natal del gran poeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su contenido pasó luego a integrar uno de los capítulos de su excelente libro totalizador sobre el padre y maestro mágico. Para el ensayista y narrador argentino, toda literatura fantástica ofrece el reemplazo de una realidad que ha quedado remota y contiene un esfuerzo para liberarnos de «la realidad», tanto de la física «que nos oprime desde fuera como de la psíquica que nos inunda con un turbión de sentimientos, impulsos e ideas». Con su fantasía, esta literatura declara caducas las normas que antes regían nuestro conocimiento y, en cambio, sugiere la posibilidad de la existencia de otras normas todavía desconocidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las distintas modalidades de cuentos que escribió Darío, una decena al menos cabe dentro de esta definición general de lo fantástico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ellos el nicaragüense des/realizó la realidad con tu tejido verbal y sus formas ideales que emanadas del texto y, mientras se leen, se aprehenden con la memoria y la inteligencia. Díez, en efecto, fueron catalogados como fantásticos por José Olivio Jiménez. A saber: seis escritos y difundidos en Buenos Aires, durante su período argentino: «Cuento de Nochebuena» (26 de diciembre, 1893), «El caso de la señorita Amelia» (1ro. de enero, 1894), «La pesadilla de Honorio» (5 de febrero, 1894), «Verónica» (16 de marzo, 1896, reconstruido y titulado «La extraña muerte de fray Pedro»), «Thanatophofia» (2 de febrero, 1897), «D.Q.» (1899); y cuatro durante su etapa europea: «El Salomón negro» (15 de julio, 1899), «La larva» (1910), «Cuento de Pascuas» (diciembre de 1911) y «Huitzilopoxtli» (5 de junio, 1914).</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="500" height="248" src="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/06/578-Junio-catedraDariana-nochebuena.jpg" alt="" class="wp-image-58163" srcset="https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/06/578-Junio-catedraDariana-nochebuena.jpg 500w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/06/578-Junio-catedraDariana-nochebuena-300x149.jpg 300w, https://estrelladenicaragua.net/wp-content/uploads/2024/06/578-Junio-catedraDariana-nochebuena-360x180.jpg 360w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Por su lado, en la Antología del cuento fantástico hispanoamericanos. Siglo XIX (1990), el chileno Oscar Hahn afirma que la evolución de la narrativa fantástica alcanzó un progreso cualitativo con la publicación, a partir de 1893, de algunos cuentos de darianos en los diarios El Tiempo y La Tribuna de Buenos Aires &#8211;ciudad propicia al género&#8211; y los de Leopoldo Lugones. Aparecidos entre 1897 y 1899, los del argentino fueron perfeccionados por su autor y recogidos en Las fuerzas extrañas (1906). Un siglo después, el español José Javier Fuentes del Pilar incluyó dos narraciones de Darío en su Antología del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XIX (2003): «Thanatophobia» —su título original, tal como apareció por primera vez en La Tribuna— y «El caso de la señorita Amelia».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero lo fantástico propiamente dicho —de acuerdo con el teórico Tzvetan Todorov (1973)— se caracteriza por una percepción ambigua de acontecimientos aparentemente sobrenaturales. Enfrentados a ellos, el narrador, los personajes y el lector son incapaces de discernir si representan una ruptura de las leyes del mundo objetivo o si pueden explicarse mediante la razón. Al optar por la primera alternativa, el texto se ubicaría en el género maravilloso, y, al optar por la segunda, en el género extraño. Solo cuando se produce la incertidumbre, la vacilación oscilante entre las dos explicaciones posibles, el cuento alcanza la categoría de fantástico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De aquí que, aplicando esta nomenclatura estricta, califican como maravillosos «Cuento de Nochebuena», «Verónica» —y/o «La extraña muerte de fray Pedro»— y «El Salomón negro», puesto que el hecho «misterioso» se explica por la intervención divina. A la categoría de extraños pertenecen «La pesadilla de Honorio», «Cuento de Pascuas» y «La larva», ya que en ellos el hecho también «misterioso» tiene explicación racional. Mayores elementos para ser clasificados como fantásticos poseen «Thanatophobia» —fechado en Buenos Aires, 1893, aunque difundido tres años después— iniciador de esta nueva dirección narrativa de Darío; «El caso de la señorita Amelia», «D.Q.» y, sobre todo, «Huitzilopoxtli».&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuento de Nochebuena</p>



<p class="wp-block-paragraph">En «Cuento de Nochebuena» (diciembre de 1893), Rubén Darío describe un milagro desafiante del tiempo y el espacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un fraile organista —el hermano Longinos de Santa María, de maravilloso don musical— viaja a la aldea vecina de su convento y se pierde bajo la sombra de la montaña negra, mas percibe en el firmamento una hermosa estrella de color de oro y ve venir tres señores espléndidamente ataviados: los reyes magos. Anunciados por la borrica de Longinos de Santa María que, como la de Balaán, habla con viva voz, los reyes son descritos por Darío —en su calidad de narrador omnisciente— con minuciosos detalles, al igual que sus regalos al Dios recién nacido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Longinos de Santamaría ha retrocedido tanto en el tiempo que asiste al nacimiento de Jesús, pero solo puede ofrecerle lo que tiene: lágrimas y oraciones, convertidos en los más radiosos diamantes por obra de la superior magia del amor y la fe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, en el convento empieza a sonar su órgano, con música celestial. Los monjes cantaron, cantaron, llenos del fuego del milagro; y aquella Nochebuena, que oyeron el viento llevaba desconocidas armonías del órgano conventual, de aquel órgano que parecía tocado con manos angelicales [&#8230;].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Darío narra dos acontecimientos simultáneos —la adoración del fraile en Belén (un premio portentoso) y la música del órgano— separados por siglos; mas prefiere describir la atmósfera propia de las hagiografías corrientes en vez de plantear, como en un relámpago, la paradoja del tiempo y la eternidad. El hermano Longinos de Santamaría —concluye Darío— entregó su alma a Dios poco tiempo después; murió en olor de santidad. Su cuerpo se conserva aún incorruptible enterrado bajo el coro de la capilla, en una tumba especial, labrada en mármol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se observa en el cuento que la voz del narrador sobresale al emplear un tono conversacional de una leyenda antigua. Dirigiéndose a un narratario colectivo (¿pero no os dicho nada del convento?), este tono crea una agradable sensación de intimidad. El sabor de la lengua oral se refuerza con el uso de diminutivos, o con sintagmas típicos del contar a viva voz, sobre todo ante niños (con un usado trotecito [&#8230;]; Y fue el caso que Longinos anda que te anda, pater y ave, tras pater y ave).2</p>



<p class="wp-block-paragraph">1 Enrique Anderson Imbert: «Rubén Darío y la literatura fantástica», en Libro de oro. Semana del Centenario de Rubén Darío. Managua, Editorial Nicaragüense, 1967, pp. 145-159.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2 Gabriela Mora: «Actualización crítica de la cuentística rubendariana». Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, núm. 101, octubre-diciembre, 2001, p. 114.</p>
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