
Los neoexiliados que viven de la politiquería, que es lo mismo que vivir del cuento, organizan grupos con variados nombres que pretenden vender como «partidos políticos», pero no tienen ni logran ninguna legalidad ni siquiera una formalidad corporativa, porque pretender organizar partidos políticos en los Estados Unidos es una absoluta violación de las leyes norteamericanas; pero eso lo ignoran los tres o cuatro seguidores que asisten a los comedores donde realizan sus sesiones los «futuros gobernantes» de Nicaragua, porque aspirar a convertirse en gobierno de Nicaragua es la única razón de formar a esos minigrupos, que se juntan en pequeños grupos de amigos y parientes, forman una «directiva» y ponen a la cabeza a un «líder» que suponen será el futuro monarca de Nicaragua.
Forman medios de comunicación que sin ningún escrúpulo piden dólares a sus víctimas más ingenuas, con el espurio argumento de «contribuir a la lucha por la democracia». Algunos caerán en esta burda trampa y enviarán sus $5 dólares.
La Comunidad Nicaragüense de Miami y de Estados Unidos que conforman al exilio histórico, debe saber que las organizaciones políticas extranjeras de cualquier denominación nunca han sido inscritas en Estados Unidos precisamente porque es contra la Ley.
La existencia de grupos políticos extranjeros en Estados Unidos se manifiesta porque se han organizado como grupos de expresión y apoyo político a partidos de otros países; son casi como clubes, pero nunca se pretendió cometer la aberración jurídica de tratar de legalizar un partido político extranjero en territorio norteamericano, porque es una franca violación a la Ley de Neutralidad.
Que «la ignorancia es audaz» es el proverbio que —en este caso— se ha puesto en evidencia.
Pero esa audacia es, sobre todo, delincuencia. Porque esos que prometen liberación, libertad y democracia sin correr ningún riesgo ni hacer ninguna lucha son delincuentes, reyes de la estafa y del fraude.
De esta jaez es la clase de «políticos» que pululan en Miami, que bien podrían llamarse «ilusos buscadores de tesoros».
De modo que cuando se vean nombres como Monteverde, MRS, Azul y Blanco y otros que seguirán apareciendo, tengan la seguridad de que siempre se trata de pequeños grupos en busca de que el gobierno de los Estados Unidos los instale como gobernantes de Nicaragua, porque esta es la realidad: todos los monarcas de América Latina, para alcanzar el poder, necesitan de la aprobación de los Estados Unidos, y la búsqueda de esta aprobación es el empeño de estos escuálidos grupos.
Dedican todo su tiempo, porque ninguno trabaja para ganarse la vida, y ponen sus dos neuronas a tiempo completo para ganar la simpatía de Washington.
Mientras esperan que la Casa Blanca los coloque en La Loma de Tiscapa (que sigue siendo el símbolo), los pretendientes a recibir el poder mendigan, coyotean, dan paquetazos, hacen muchas cosas… menos trabajar, porque el arte de ser político nicaragüense es vivir sin trabajar y hacerse millonario por un buen tiempo, como le pasó a Somoza, a Noriega, a Emiliano Chamorro, a Torrijos, a Maduro, al Ayatola Jomeini y está por pasarle a Díaz-Canel y a Raulito Castro.
Porque en el presente disfrutan soñar con recibir el poder enriquecedor, pero se olvidan de que el final del sueño es despertar a una incómoda realidad, como la que está viviendo Arnoldo Alemán.
Esta realidad la escribió don Pedro Calderón de la Barca en su poema La vida es sueño:
«¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son».
El político nicaragüense es un cirquero soñador: cuando está en el poder lo rodean millares de oportunistas y el político se engaña con esas masas oportunistas como confirmación de su poder; pero cuando pierde el poder —lo cual llegará tarde o temprano— desaparecen las masas y las plazas quedan vacías, como quedan vacías las tribunas de las claques diputadiles y ministeriales, cómplices cuando hay dónde robar, enemigos cuando no hay botín.
Aprendan la diferencia: los banqueros nicas trabajan intensamente: Carlos Pellas, Ramiro Ortiz, Roberto Zamora; ellos ven pasar un gobierno tras otro con sus arcas estables y seguras.

